Ante la renovada aparición en la prensa de temas ambientales, potenciados por la discusión con el Uruguay alrededor de la poco feliz instalación de pasteras en la localidad de Fray Bentos, parece necesario reclamar la aplicación de algunas ideas impregnadas con cierto grado de sentido común.
El discurso ambiental -de muy larga data- que, justificadamente, se fortaleció a partir de los años sesenta del Siglo XX, creció al amparo de la afirmación de que, quienes no lo sostenían, desconocían procesos esenciales para el futuro de la humanidad.
Y, como en el cuento del rey desnudo, nadie quiere verse tachado de ignorante (o de cómplice en los procesos de degradación ambiental), todos parecen obligados a hablar del tema, más allá de que sepan o no sobre el mismo.
Eso, potenciado por los medios de comunicación que han conjugado algunas ideas domésticas con aspiraciones legítimas y las han repetido como verdades científicas, ha ido validando ciertas deformaciones, que hoy parecen compartirse como certezas indiscutibles.
Una de esas gruesas falsedades es que existe una naturaleza prístina global que puede conservarse como tal, mas allá de la presencia de la cultura humana.
En esa concepción se inscribe la defensa individual del “arbolito”, del “pescadito”, o del “pingüinito”, que tan caras resultan a algunas organizaciones y a no pocos medios.
A partir del aprendizaje y del uso de la tecnología, que podemos datar en alrededor de algo menos de un millón de años atrás, cuando los humanos empezaron a manejar el fuego, el sistema global fue siendo transformado por la cultura; modelándolo de manera tal que la aplicación de cada nueva técnica, amplió la capacidad de soporte de la especie humana, a costa, obviamente, de la misma naturaleza original.
De hecho, la agricultura se desarrolló (y aun, inevitablemente, se desarrolla), sobre la base de la aniquilación previa de toda vida silvestre -animal y vegetal-, la que es sustituida por trigo, centeno, lino, o pasto para el ganado, por sólo dar un par de ejemplos.
Esa sustitución técnica de biodiversidad por monocultivos, es la que permitió que la especie humana pasara de un total de cuatro millones de personas, hace diez mil años, a los seis mil quinientos millones que somos en la actualidad.
Ese ejemplo se puede repetir hasta el cansancio, porque cada salto tecnológico o cada nuevo aprendizaje en el uso de la energía o de la producción, ampliaron la capacidad del sistema natural para acoger a un numero mayor de seres humanos.
Y a pesar de que la distribución de los beneficios no ha sido pareja (lo que constituye otro tema), globalmente la humanidad se ha beneficiado de sus resultados y no podría, literalmente, vivir sin ellos.
Sin embargo, el problema ambiental surge cuando el sistema natural llega al limite de su capacidad de reproducción de sí mismo y de soporte de las actividades que se desarrollan sobre él, único modo de poder seguir desempeñando su papel de fundamento de la vida y de la cultura.
Pero para definir ambas capacidades -de reproducción y de soporte- hay que tener en cuenta que la evaluación de las intervenciones admisibles no puede hacerse, únicamente, en forma localizada y puntual, sino que debe ser al resultado de un estudio comparativo respecto a la presión que se ejerce sobre el territorio en sus distintas regiones, ya que en las tramas que conforman los ecosistemas y las bioregiones, unas y otras se articulan pudiendo llegar a complementarse y compensarse.
Es allí, en la determinación de los límites de intervención admisible que conserven la capacidad de soporte y reproducción del sistema natural, en donde juega el desafío de la gestión global (no sólo ambiental).
En ese marco se inscribe la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), como herramienta para determinar esa incidencia.
Sin embargo, la EIA es una herramienta de análisis localizado y puntual, que, más allá de su innegable importancia, no considera valores relativos a otras regiones, contextos políticos, o la incidencia del impacto respecto a otras intervenciones productivas o culturales.
Por eso, en la administración global, es necesario “contextualizar” la EIA aplicando, adicionalmente, otras herramientas de gestión ambiental, sin las cuales resulta notablemente insuficiente.
Como cierto grado de transformación (contaminación incluida) es absolutamente inevitable, es necesario establecer rangos de admisibilidad, los que no pueden definirse sin la existencia previa de una Política Ambiental, inscripta en la política general y coherentemente articulada con ella.
A su vez, las opciones políticas deben hacerse mediante comparaciones, las que se facilitan con el conocimiento del valor de los recursos en juego; para ello es necesario hacer Inventarios del Patrimonio Natural y asignarles valor mediante el instrumento de las Cuentas Patrimoniales.
Como todo el territorio tiene diversas características, es necesario realizar un Ordenamiento Ambiental, estimulando en cada región los mejores usos a que puede estar destinado, de acuerdo a su vocación y a su capacidad de acogida.
Sin embargo, tampoco eso es suficiente, porque también se deben articular las obras o propuestas puntuales que se evalúan con las líneas generales de acción territorial, o de acción política, o con los objetivos sectoriales, o con el modo en que se relacionan los efectos de esas obras con otras existentes o previstas. Para cubrir esa situación se recurre a la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE).
Es cierto que estas herramientas se usan dentro de cada país y en este caso nos encontramos con un conflicto internacional en el que juegan dos jurisdicciones soberanas, pero a pesar de ello y siendo obvio que estas herramientas no han sido instrumentadas ni usadas dentro de la propia Argentina (en la que existen pocos rangos de admisibilidad establecidos), es difícil pensar como, los resultados que ellas aportan, se le pueden exigir a un país vecino.
Al no existir una Política Ambiental nacional definida, ni estar realizadas las Cuentas Patrimoniales del país, ni existir un programa de Ordenamiento Ambiental, ni aplicarse la Evaluación Ambiental Estratégica que permitiera comparar la incidencia de unos emprendimientos respecto de los otros, el discurso público y privado se restringe a invocaciones afectivas, intuitivas, o al genérico deseo de proteger el medio ambiente, recursos legítimos y válidos en si mismos, pero poco útiles si no se usan los instrumentos de gestión aconsejables.
A su vez, al no aplicarse las herramientas señaladas, la Evaluación de Impacto Ambiental carece del marco de interpretación necesario para la gestión, por lo que ímplicitamente se recurre a un marco biologista, tomando de esta disciplina, la Biología, el recorte de la realidad que la misma hace con fines académicos y en el que el resto de las variables sociales son obviadas, por lo que sus resultados pueden ser polémicos, y con frecuencia contradictorios con algunas necesidades de la misma comunidad, que demanda los productos que las fábricas cuestionadas elaboran.
Desde esta perspectiva, veamos la situación de Gualeguaychú.
Remarquemos que se trata de un problema internacional, en el que están en juego las decisiones de dos Estados soberanos.
Esa es una situación que hay que tener en cuenta, ya que las relaciones con Uruguay, no son de particulares a particulares, o de particulares a empresas, sino de Estado a Estado. Los ciudadanos argentinos, por principios constitucionales y de derecho internacional no tienen capacidad individual de representación por fuera de sus autoridades políticas, como bien lo señala el olvidado artículo 22 de la Constitución Nacional, por lo que el descuido en el tratamiento oportuno por parte de nuestro gobierno nacional, no puede imputarse hoy al Uruguay ni a sus habitantes.
Al tiempo en el que los vecinos de Gualeguaychú pidieron el apoyo del gobierno nacional, antes de que se iniciara la construcción de la planta de Botnia en Fray Bentos, cuando aun era oportuno negociar un cambio en la localización de la misma, no lograron respuestas y el Dr. Estrada Oyuela, afirmó y firmó que nada hacia presagiar que Uruguay actuaría incorrectamente.
Argentina tiene una política ambiental mucho más permisiva que el Uruguay, y sorprende que tratemos de forzarle al cumplimiento de estándares estrictos que nosotros no aplicamos en nuestro propio territorio, al punto que, cuando las mismas papeleras se iban a instalar del lado argentino, pocos señalaron sus efectos ambientales.
En ese contexto es necesario analizar la situación de los habitantes de Gualeguaychú que van a ver disminuidos algunos aspectos de su calidad de vida.
Esa disminución de calidad de vida, que hace al confort, y, lo que es más importante, a la identidad local, es difícil de evaluar, porque puede calificarse de más o menos trascendentes, según el lugar en que uno se ubique en la situación problemática.
Pero es indispensable comparar, y si lo hacemos para poder contextualizar (sin pretender justificar la situación), veremos que muchos de esos problemas serán mucho menores que los que sufren las comunidades próximas a las decenas de papeleras argentinas que producen en el interior del país, con tecnologías mucho mas antiguas y contaminantes, y sin las quejas públicas, ni de sus habitantes -que las soportan estoicamente-, ni de los gobiernos involucrados.
Tampoco serán mayores que los que sufren todos los habitantes próximos a zonas industriales, como bien lo saben tanto los habitantes de La Matanza Riachuelo; o los de Río Tercero, con su fábrica de explosivos en el centro de la ciudad; o los de la Ciudad de Córdoba con su planta de combustible nuclear ubicada en uno de los barrios más populosos; o los de tantos centenares de pueblos y ciudades argentinas ubicadas cerca de depósitos de granos, mineras, petroleras, depósitos de químicos, o quienes deben soportar las fumigaciones en las explotaciones agrícolas, etc, etc, etc...
O de los habitantes de tantas zonas desertificadas por la extensión legal y no cuestionada de la frontera agropecuaria (y no sólo por plantaciones de soja).
O de los habitantes de aguas abajo de ríos compartidos que han visto destruir sus vidas por el uso que se hace de las aguas, como los de La Pampa respecto a la disposición que hace Mendoza del Atuel; o como la misma Ciudad de Córdoba, que poluciona el Río Suquía, del que toman su agua decenas de poblaciones aguas abajo.
O de las miles de personas desplazadas de sus hogares por la construcción de presas como Yaciretá o Salto Grande, entre otras.
Si cada uno de estos grupos humanos aplicara sólo una parte de la presión que se le está aplicando al Uruguay, estaríamos, sin duda, al borde de una guerra civil, de todos contra todos, porque no habría nadie que de una u otra manera, no resultara enemigo.
Frente a esto, ¿qué posición adoptar respecto a las pasteras?
Tengamos en cuenta que la relocalización de ENCE ya ha satisfecho buena parte de los reclamos entrerrianos, lo que resulta un logro innegable.
En cuanto a los aspectos aun no resueltos, el apoyo deberíamos limitarlo a la medida del sentido común, restringiendo las expectativas de solución a la aplicación de medidas técnicas y a cierto grado de inevitable tolerancia por parte de los vecinos, pues los errores que cometió el gobierno Argentino al no intervenir en forma oportuna deben ser asumidos.
Debemos atrevernos a reconocer el grado de fantasía que subyace en la postura argentina en cuanto a la polución “cero”, y a la descontextualización respecto a lo que sucede en el resto de Argentina, recordando que la “sustentabilidad” del desarrollo no lo hace nunca ambientalmente incruento, sino que sólo disminuye sus incidencias sobre el sistema natural.
Por su parte, los habitantes de Gualeguaychú no son diferentes a los otros muchos miles de argentinos que soportan las actividades productivas y culturales en sus propios territorios y que tienen igual derecho a ser protegidos.
Por ello, sería mucho más realista y productivo orientar parte de la enorme energía que se está aplicando a esta causa en contra del Uruguay (históricamente, mucho mas responsable que nosotros en temas de protección ambiental) a sanear los emprendimientos que se encuentran en nuestro propio país y sobre los que tenemos gobernabilidad inmediata, potenciando las iniciativas que correctamente se han iniciado.
Y, finalmente aceptar coordinar con Uruguay el modo de minimizar las molestias a la parte argentina y de realizar una gestión correcta en el futuro.
Mientras esto no se haga, seguiremos dando coces contra el aguijón, no por los intereses internacionales (a los que tantas veces culpamos), sino por nuestros propios y gruesos errores, pues el desarrollo, aun “sustentable”, tiene inevitables costos ambientales que requieren de la habilidad de saberlos administrar.
Ignacio Gei
estudioig@gmail.com
Profesor de “Derecho Ambiental” I y II, y de “Ordenamiento Ambiental”
Universidad Blas Pascal, de Córdoba.
Co Director de la “Diplomatura en Gestión Ambiental y Minería”
Universidad Nacional de La Rioja.
eStudio IG - Equipos Interdisciplinarios para el Desarrollo Sustentable
InterDialogos - Organización no Gubernamental de Conocimiento, Ambiente y Desarrollo
InterLogos – Aulas virtuales
Promovemos el Desarrollo Sustentable a escala humana estimulando el Desarrollo Local como contracara ineludible de la Globalización
Asumimos participar en la configuración de un renovado modelo de mundo que reconozca su complejidad y diversidad
sábado, diciembre 23, 2006
domingo, junio 11, 2006
Transformar el modo de mirar el mundo
Trabajar para estimular la producción de procesos de "desarrollo sustentable" local, implica un formidable desafío que, con frecuencia, exige de los actores mucho más esfuerzo del que imaginábamos antes de emprender la tarea.
No se trata de "ayudar" a otros, sino de modificar en nosotros mismos nuestra visión del mundo, para, desde allí, operar como catalizadores de los procesos sociales y productivos implicados en ese esfuerzo.
Reformular el "marco teórico" del cual partir; reelaborar los conceptos de "globalización", "regionalización" y "localización"; reencuadrar las dinámicas del desarrollo sustentable local y microregional, son puntos de partida ineludibles, sin los cuales el resto de las tareas de estímulo al desarrollo, pueden estar destinadas al fracaso.
Definir claramente el "alcance" del proyecto es paso inevitable, si no queremos perdernos en un mar de fantasías.
Reconocer y apoyarse en los propios recursos, es otro factor decisivo, que muchas veces se omite, sustituyéndolo por las expectativas de ayudas provenientes de entidades u organismos al que atribuimos la capacidad de hacerse cargo de nuestras debilidades.
Y por último gestionar..., gestionar..., gestionar..., actuando eficaz y eficientemente en pos de los objetivos.
En este momento, estamos concentrando nuestros esfuerzos en el estímulo a procesos de capacitación de líderes locales y de promotores de desarrollo.
Si lo desesas, puedes acceder a nuestros cursos on line, en www.interlogos.com.ar/moodle.
Te esperamos
No se trata de "ayudar" a otros, sino de modificar en nosotros mismos nuestra visión del mundo, para, desde allí, operar como catalizadores de los procesos sociales y productivos implicados en ese esfuerzo.
Reformular el "marco teórico" del cual partir; reelaborar los conceptos de "globalización", "regionalización" y "localización"; reencuadrar las dinámicas del desarrollo sustentable local y microregional, son puntos de partida ineludibles, sin los cuales el resto de las tareas de estímulo al desarrollo, pueden estar destinadas al fracaso.
Definir claramente el "alcance" del proyecto es paso inevitable, si no queremos perdernos en un mar de fantasías.
Reconocer y apoyarse en los propios recursos, es otro factor decisivo, que muchas veces se omite, sustituyéndolo por las expectativas de ayudas provenientes de entidades u organismos al que atribuimos la capacidad de hacerse cargo de nuestras debilidades.
Y por último gestionar..., gestionar..., gestionar..., actuando eficaz y eficientemente en pos de los objetivos.
En este momento, estamos concentrando nuestros esfuerzos en el estímulo a procesos de capacitación de líderes locales y de promotores de desarrollo.
Si lo desesas, puedes acceder a nuestros cursos on line, en www.interlogos.com.ar/moodle.
Te esperamos
domingo, julio 31, 2005
Las Herramientas de la Gestión del Desarrollo
Trabajar en la asistencia a la Gestión del Desarrollo, requiere reconocer la complejidad de las situaciones que habremos de enfrentar, tanto como conocer las herramientas que aplicaremos para llegar a participar en la producción de los hechos que la comunidad previsualiza y a los que aspira.
Esto exige, en primer lugar, una particular actitud personal de renuncia a la propia mirada, a las propias creencias, sin que esa renuncia a las creencias nos haga prescindir del conocimiento que se espera que apliquemos a ayudar a producir el proceso de desarrollo.
Situación extraña de vivir como protagonista, porque implica una especie de dicotomía inevitable entre lo que uno cree y lo que uno conoce.
Por su parte, muchas comunidades que habitan en los países subdesarrollados, carecen de una identidad clara y definida, que les permita determinar sus objetivos de manera clara, en función de sus límites y de sus posibilidades concretas.
Desarraigadas de sus historias particulares y sometidas a la accion de los medios de comunicación masivos, las personas que las integran confunden sus potenciales objetivos de desarrollo con la imágenes mediáticas que reciben a diario, y que les han convertido en "consumidores" antes que en "personas".
Así pues, el agente de desarrollo ha de ser un hombre capaz de renunciar a sus creencias individuales, sin descuidar el rol de asistente en la reconstrucción de la identidad de los integrantes de la comunidad que asiste.
En segundo lugar, es necesario comprender la complejidad de los procesos en los que interviene.
Complejidad, sinónimo de procesos con elementos múltiples, dinamicos e interrelacionados (que no simplemente desordenados y confusos).
Abordaje de la complejidad para lo cual no estamos preparados, en cuanto se nos ha repetido hasta el cansancio que "conocer" implica trascender la complejidad (usualmente asociada a la ignorancia), para desentrañar las relaciones simples que subyacerían tras la misma. O, en otras palabras, que "conocer", implica desagregar los procesos en sus partes componentes. (Sin embargo, si lo descuartizamos, nunca llegaremos a conocer las costumbres de la vida de un gato).
Para comprender la complejidad hay poderosas herramientas teóricas de las que es indispensable echar mano.
En tercer lugar, hay que gestionar o gerenciar el cambio (si se me permite la analogía empresarial).
Articular los objetivos con los múltiples elementos intervinientes, acotándolos a los recursos y asumiendo las restricciones, mientras se respetan plazos y se establecen procedimientos de control, exigen de un profundo conocimiento de las herramientas técnicas y de administración disponibles, que en muchos casos exceden las capacidades de los promotores comunitarios, a pesar de que pudieran poner sus mejores intenciones.
Si se consiguen articular los tres elementos anteriores, es probable que se llegue a un resultado promisorio, pero tampoco eso lo garantiza, porque los modos de ejercicio y circulación del poder, sumados a los contextos macro económicos pueden ser determinantes del éxito o del fracaso de programa.
Pero sin contar con ellos, es muy posible que las mejores circunstancias no alcancen para llegar a buen puerto.
Hasta la próxima.
Esto exige, en primer lugar, una particular actitud personal de renuncia a la propia mirada, a las propias creencias, sin que esa renuncia a las creencias nos haga prescindir del conocimiento que se espera que apliquemos a ayudar a producir el proceso de desarrollo.
Situación extraña de vivir como protagonista, porque implica una especie de dicotomía inevitable entre lo que uno cree y lo que uno conoce.
Por su parte, muchas comunidades que habitan en los países subdesarrollados, carecen de una identidad clara y definida, que les permita determinar sus objetivos de manera clara, en función de sus límites y de sus posibilidades concretas.
Desarraigadas de sus historias particulares y sometidas a la accion de los medios de comunicación masivos, las personas que las integran confunden sus potenciales objetivos de desarrollo con la imágenes mediáticas que reciben a diario, y que les han convertido en "consumidores" antes que en "personas".
Así pues, el agente de desarrollo ha de ser un hombre capaz de renunciar a sus creencias individuales, sin descuidar el rol de asistente en la reconstrucción de la identidad de los integrantes de la comunidad que asiste.
En segundo lugar, es necesario comprender la complejidad de los procesos en los que interviene.
Complejidad, sinónimo de procesos con elementos múltiples, dinamicos e interrelacionados (que no simplemente desordenados y confusos).
Abordaje de la complejidad para lo cual no estamos preparados, en cuanto se nos ha repetido hasta el cansancio que "conocer" implica trascender la complejidad (usualmente asociada a la ignorancia), para desentrañar las relaciones simples que subyacerían tras la misma. O, en otras palabras, que "conocer", implica desagregar los procesos en sus partes componentes. (Sin embargo, si lo descuartizamos, nunca llegaremos a conocer las costumbres de la vida de un gato).
Para comprender la complejidad hay poderosas herramientas teóricas de las que es indispensable echar mano.
En tercer lugar, hay que gestionar o gerenciar el cambio (si se me permite la analogía empresarial).
Articular los objetivos con los múltiples elementos intervinientes, acotándolos a los recursos y asumiendo las restricciones, mientras se respetan plazos y se establecen procedimientos de control, exigen de un profundo conocimiento de las herramientas técnicas y de administración disponibles, que en muchos casos exceden las capacidades de los promotores comunitarios, a pesar de que pudieran poner sus mejores intenciones.
Si se consiguen articular los tres elementos anteriores, es probable que se llegue a un resultado promisorio, pero tampoco eso lo garantiza, porque los modos de ejercicio y circulación del poder, sumados a los contextos macro económicos pueden ser determinantes del éxito o del fracaso de programa.
Pero sin contar con ellos, es muy posible que las mejores circunstancias no alcancen para llegar a buen puerto.
Hasta la próxima.
viernes, julio 29, 2005
Las complicidades del subdesarrollo
Pareciera que acusar a los países desarrollados y a las organizaciones multilaterales de los problemas del subdesarrollo produce, en los habitantes de los países pobres, una sensación de regodeo.
Acusar a otros de nuestros propios problemas, nos libera de responsabilIdades y del riesgoso desafío que implica animarnos a asumir, con madurez, nuestro propio futuro, haciéndonos cargo del éxito o del fracaso.
Esto no significa negar la evidente responsabilidad de algunos actores económicos en la producción de la situación de ruina que aqueja a ciertos sectores sociales, sino reconocer que, a pesar de las culpas que pudieramos cargar sobre otras espaldas, toda modificación importante de nuestra situación depende de la acción llevada a cabo por nosotros mismos, en el marco de nuestras posibilidades y de nuestras restricciones.
Para ello, no sólo es necesario trabajar sobre el recupero de la identidad que caracteriza a cada comunidad y a cada pueblo, sino capacitarse en el conocimiento de las herramientas técnicas y de gestión necesarias para llevar a cabo nuestros propósitos, dejando de ser cómplices de nuestro propio subdesarrollo.
Ello, implica aceptarnos a nosotros mismos, en lo que somos, y, desde allí, construir el futuro que queremos, diseñando el "modelo" dentro del cual deseamos desarrollarnos.
En otras palabras, enunciar el futuro que queremos para nosotros y para nuestros hijos; "modelo" que habrá de definir las líneas de acción y el tipo de decisiones a tomar.
Pero eso solo no basta, porque una vez diseñado el "modelo", debemos acudir a las herramientas de conocimiento y de gestión necesarias para lograr los objetivos.
Y para ello, necesitamos contar con la destreza suficiente, lo que implica asumir un decidido compromiso de capacitación.
Así pues, mientras nos sigamos limitando a atribuir culpas a los "otros" y minimicemos nuestra propia responsabilidad en lo que nos pasa, poco podremos esperar del futuro.
Asumirnos, capacitarnos y esforzarnos en la acción debieran ser necesidades inseparables de nuestro deseo de lograr, para nuestras comunidades empobrecidas, un desarrollo armónico y equitativo.
Hasta la próxima.
Acusar a otros de nuestros propios problemas, nos libera de responsabilIdades y del riesgoso desafío que implica animarnos a asumir, con madurez, nuestro propio futuro, haciéndonos cargo del éxito o del fracaso.
Esto no significa negar la evidente responsabilidad de algunos actores económicos en la producción de la situación de ruina que aqueja a ciertos sectores sociales, sino reconocer que, a pesar de las culpas que pudieramos cargar sobre otras espaldas, toda modificación importante de nuestra situación depende de la acción llevada a cabo por nosotros mismos, en el marco de nuestras posibilidades y de nuestras restricciones.
Para ello, no sólo es necesario trabajar sobre el recupero de la identidad que caracteriza a cada comunidad y a cada pueblo, sino capacitarse en el conocimiento de las herramientas técnicas y de gestión necesarias para llevar a cabo nuestros propósitos, dejando de ser cómplices de nuestro propio subdesarrollo.
Ello, implica aceptarnos a nosotros mismos, en lo que somos, y, desde allí, construir el futuro que queremos, diseñando el "modelo" dentro del cual deseamos desarrollarnos.
En otras palabras, enunciar el futuro que queremos para nosotros y para nuestros hijos; "modelo" que habrá de definir las líneas de acción y el tipo de decisiones a tomar.
Pero eso solo no basta, porque una vez diseñado el "modelo", debemos acudir a las herramientas de conocimiento y de gestión necesarias para lograr los objetivos.
Y para ello, necesitamos contar con la destreza suficiente, lo que implica asumir un decidido compromiso de capacitación.
Así pues, mientras nos sigamos limitando a atribuir culpas a los "otros" y minimicemos nuestra propia responsabilidad en lo que nos pasa, poco podremos esperar del futuro.
Asumirnos, capacitarnos y esforzarnos en la acción debieran ser necesidades inseparables de nuestro deseo de lograr, para nuestras comunidades empobrecidas, un desarrollo armónico y equitativo.
Hasta la próxima.
domingo, julio 24, 2005
ASISTIR AL DESARROLLO: UNA TAREA ELUSIVA
Desde nuestra última postura ha pasado mucha agua bajo los puentes.
Y en el progresivo crecimiento de nuestra experiencia, nos vamos aproximando cada vez más a algunas de las razones profundas que parecen impulsar a muchas de las iniciativas solidarias que nacen en los países desarrollados y se orientan a ayudar al progreso de los más pobres.
Más allá de la indudable buena voluntad de muchos voluntarios del primer mundo (que empeñan sus tiempos en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de los países desheredados), es visible su ausencia de conocimientos de las condiciones reales en las que se desenvuelven no sólo los pobres, sino muchas comunidades del tercer mundo que, sin ser materialmente pobres, se mueven en el mundo sin alcanzar a definir su propia identidad y su propio espacio, sin encontrar "su lugar", y sintiéndose desvalidos a pesar de sus evidentes recursos (como pasa en Argentina, en donde -más allá de la pobreza que verdaderamente acosa a algunos sectores-, es notable advertir la existencia de muchas personas que se sienten "muy pobres" a pesar de ser propietarios y tener acceso a bienes materiales y culturales que producirían la envidia de muchos otros carecientes).
Esto produce un asombroso juego de disfunciones entre algunos de quienes quieren ayudar a terminar con la pobreza, ciertos sectores que se creen pobres sin serlo, y los verdaderos pobres, a quienes (en muchos casos) ni los unos ni los otros consiguen reconocer.
Por su parte, es frecuente que, tanto los sectores que se creen pobres, como los que verdaderamente lo son, esperen que sean los integrantes de las comunidades desarrolladas quienes aporten las instrucciones, a modo de "recetas de cocina", necesarias para salir del subdesarrollo.
De ese modo, los habitantes del primer mundo, que en muchos casos carecen de ideas sobre lo que verdaderamente sucede en las comunidades pobres, dictan normas sobre los procedimientos que habrán de seguir personas a quienes ellos no conocen, para resolver situaciones en las que jamás han estado inmersos.
Extraña situación que frustra muchas iniciativas de ayuda y desalienta tanto a los donantes como a las víctimas de la pobreza.
Ante ese panorama (tan burdamente descripto), se hace necesario preguntarse ¿qué hacer?.
Y es probable que haya que abordar la respuesta desde varias perspectivas:
La primera es que, los principales responsables de generar un estado de satisfacción de las propias necesidades deberían ser los mismos pueblos que sufren las carencias, acudiendo a recursos locales, de acuerdo al sistema de esfuerzo propio y ayuda mutua, que tanto fruto ha dado en cada lugar en lo que se lo ha aplicado (y que en cierto sentido consiste en aplicar los principios que la naturalza impone a todos los pueblos).
Por su parte, esto requiere de un proceso previo de definición de la propia identidad y de asumirse, cada cual, como valioso en sí mismo.
Lo segundo, es que los voluntarios y donantes del primer mundo, deberían conocer y reconocer a los otros pueblos y a su idiosincrasia, aceptando que los modelos de desarrollo pueden variar de acuerdo a las condiciones locales, a las culturas involucradas, a los recursos disponibles y a los objetivos que cada comunidad puede plantear, legítimamente, para sí misma.
Lo tercero que todos y cada uno de los involucrados sea capaz de reconocer su lugar en el mundo, sin atribuirse ni la actitud de "dispensador" con la que algunos voluntarios del mundo desarrollado intentan purgar sus propias culpas, ni la de víctima ingenua de aquellos que muestran una pobreza que no tienen, ni la de absolutos incapaces de quienes esperan que sean "los otros", "los que saben", los que resuelvan sus problemas.
En fin, no olvido que hay sectores del mundo en que las personas individualmente están en situaciones límites y necesitan de ayuda total y urgente, pero fuera de estos casos (de algún modo excepcionales) muchos de las dificultades del subdesarrollo podrían ser resueltos con los recursos actuales, a condición de que los actores fuéramos capaces de modificar los modos de abordar y gestionar el problema.
Esperamos sus comentarios a eig@gmx.net
Hasta la próxima.
Y en el progresivo crecimiento de nuestra experiencia, nos vamos aproximando cada vez más a algunas de las razones profundas que parecen impulsar a muchas de las iniciativas solidarias que nacen en los países desarrollados y se orientan a ayudar al progreso de los más pobres.
Más allá de la indudable buena voluntad de muchos voluntarios del primer mundo (que empeñan sus tiempos en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de los países desheredados), es visible su ausencia de conocimientos de las condiciones reales en las que se desenvuelven no sólo los pobres, sino muchas comunidades del tercer mundo que, sin ser materialmente pobres, se mueven en el mundo sin alcanzar a definir su propia identidad y su propio espacio, sin encontrar "su lugar", y sintiéndose desvalidos a pesar de sus evidentes recursos (como pasa en Argentina, en donde -más allá de la pobreza que verdaderamente acosa a algunos sectores-, es notable advertir la existencia de muchas personas que se sienten "muy pobres" a pesar de ser propietarios y tener acceso a bienes materiales y culturales que producirían la envidia de muchos otros carecientes).
Esto produce un asombroso juego de disfunciones entre algunos de quienes quieren ayudar a terminar con la pobreza, ciertos sectores que se creen pobres sin serlo, y los verdaderos pobres, a quienes (en muchos casos) ni los unos ni los otros consiguen reconocer.
Por su parte, es frecuente que, tanto los sectores que se creen pobres, como los que verdaderamente lo son, esperen que sean los integrantes de las comunidades desarrolladas quienes aporten las instrucciones, a modo de "recetas de cocina", necesarias para salir del subdesarrollo.
De ese modo, los habitantes del primer mundo, que en muchos casos carecen de ideas sobre lo que verdaderamente sucede en las comunidades pobres, dictan normas sobre los procedimientos que habrán de seguir personas a quienes ellos no conocen, para resolver situaciones en las que jamás han estado inmersos.
Extraña situación que frustra muchas iniciativas de ayuda y desalienta tanto a los donantes como a las víctimas de la pobreza.
Ante ese panorama (tan burdamente descripto), se hace necesario preguntarse ¿qué hacer?.
Y es probable que haya que abordar la respuesta desde varias perspectivas:
La primera es que, los principales responsables de generar un estado de satisfacción de las propias necesidades deberían ser los mismos pueblos que sufren las carencias, acudiendo a recursos locales, de acuerdo al sistema de esfuerzo propio y ayuda mutua, que tanto fruto ha dado en cada lugar en lo que se lo ha aplicado (y que en cierto sentido consiste en aplicar los principios que la naturalza impone a todos los pueblos).
Por su parte, esto requiere de un proceso previo de definición de la propia identidad y de asumirse, cada cual, como valioso en sí mismo.
Lo segundo, es que los voluntarios y donantes del primer mundo, deberían conocer y reconocer a los otros pueblos y a su idiosincrasia, aceptando que los modelos de desarrollo pueden variar de acuerdo a las condiciones locales, a las culturas involucradas, a los recursos disponibles y a los objetivos que cada comunidad puede plantear, legítimamente, para sí misma.
Lo tercero que todos y cada uno de los involucrados sea capaz de reconocer su lugar en el mundo, sin atribuirse ni la actitud de "dispensador" con la que algunos voluntarios del mundo desarrollado intentan purgar sus propias culpas, ni la de víctima ingenua de aquellos que muestran una pobreza que no tienen, ni la de absolutos incapaces de quienes esperan que sean "los otros", "los que saben", los que resuelvan sus problemas.
En fin, no olvido que hay sectores del mundo en que las personas individualmente están en situaciones límites y necesitan de ayuda total y urgente, pero fuera de estos casos (de algún modo excepcionales) muchos de las dificultades del subdesarrollo podrían ser resueltos con los recursos actuales, a condición de que los actores fuéramos capaces de modificar los modos de abordar y gestionar el problema.
Esperamos sus comentarios a eig@gmx.net
Hasta la próxima.
domingo, junio 01, 2003
LA GRAN BATALLA:
LA LUCHA ENTRE LAS DIFERENTES REPRESENTACIONES DEL MUNDO.
La dantesca confrontación que se está desarrollando en el mundo es mucho más que la supuesta batalla entre propuestas religiosas musulmanas y cristianas.
Lo que parece estar propuesto a escala global, son los esfuerzos portentosos de distintos grupos y sectores por validar, cada uno, su propia visión del mundo, imponiéndola al resto de los grupos y de los pueblos.
A medida que la inseguridad general crece, cada sector pareciera aspirar con más fuerza al ejercicio del poder necesario para hacer que la comunidad crea en sus mismas ideas y valores.
Hace algunos años, cuando los habitantes del planeta éramos muchos menos y los mecanismos y procesos de producción no ejercían aún la presión suficiente como para degradar visiblemente nuestro entrono, nuestras miradas parecían ser seguras y nuestros valores indudables.
Los "extranjeros" vivían lejos y sus turbadoras costumbres estaban encerradas en libros exóticos que podíamos guardar en el fondo de los anaqueles.
Las tardes de lluvia podíamos abrir los textos empolvados y dejar volar la imaginación mientras las gotas caían pesadas, recordándonos la seguridad de nuestro albergue.
Las guerras produjeron grandes dolores.
Se extendieron caminos y abarataron costos de viajes.
Las empresas crecieron necesitando crear nuevos mercados.
La ciencia y la tecnología nos mostraron mundos insospechados y posibilidades increibles.
Y los medios masivos de comunicación empezaron a mostrarse como instrumentos poderosos en el intento de unificar mentalidades, criterios y demandas.
Los lugares exóticos empezaron a ser invadidos por repetidas marcas comerciales.
Mientras los lejanos extranjeros, con sus indescifrables idiomas y sus olores peculiares salieron de los libros tranquilizadores, para cruzarse con nosotros en nuestra propia calle y en nuestras propias vidas.
Lo diferente empezó a ser parte del mundo doméstico y hasta de nosotros mismos, poniendo en nuestra puerta la extraña paradoja de ver crecer un mundo más y más estandarizado en los medios de producción, mientras se mostraba más y más diversificado en las culturas y en las personas.
Diversificación cultural extraña, porque crece y su consuma en una progresiva pérdida de identidades, similar a la confusión que produce el manejo de excesiva información, que en lugar de enriquecer, intoxica y bloquea.
En ese turbador panorama, en el que la progresiva unificación confronta con la creciente diversidad, personas y sectores de intereses luchan por encontrar el propio sentido de vivir.
Y es probable que sea esa búsqueda desesperada, que crece día a día a medida que la inseguridad parece ser mayor, la que estimula la necesidad compulsiva de imponer el propio pensamiento.
Cada grupo humano, y por tanto, cada uno de nosotros, tiene una imágen del mundo en la que ocupa un lugar definido y que le justifica.
Esa visión establece categorías en las que algunos resultan justificados, mientras que a otros se les asignan lugares que les descalifican.
Cuando eso es recíproco, y cada uno descalifica al diferente, el contacto es turbador y la comunicacion imposible.
Como una familia que alberga a un enfermo mental, en la que la irracionalidad va ganando a todos por la falta de un discurso común comprensible. Y que les lleva a que las diferencias no puedan ser abarcadas ni comprendidas a nivel del discurso, trasladándose al plano de los hechos, que se vuelven caóticos y violentos.
Nosotros creemos que algo similar a eso nos pasa hoy.
Y que la gran batalla que se está desarrollando en el planeta, pasa por el esfuerzo de imponer en los demás las representaciones de mundo que justifican a cada persona y a cada sector de intereses.
Los grandes montajes propagandísticos, la lucha por manejar los medios de información de masas, la extrema necesidad de manipular las ideas ajenas, parecen ser parte de ese desesperado intento de validar la propia mirada, y con ella, el juego de los propios intereses.
Por eso es que creemos, cada vez con más fuerza, que es en el campo de la conciencia en donde se está desenvolviendo la lucha nodal y en donde radica el punto crucial del desarrollo del mundo.
Sin embargo, en esa lucha por imponer las propias representaciones de mundo, se están generando redes de individuos que adquieren día a día una mayor capacidad de ubicarse por encima de los enfrentamientos.
Y tenemos confianza y fe, porque estamos convencidos de que por medio de esas redes, los seres humanos estamos adquiriendo una inigualable capacidad de comprender y de ejecutar las acciones necesarias para emerger en los umbrales de un nuevo mundo, al que ya vemos surgir por todas partes y con fuerza incontenible.
Hasta la próxima.
Esperamos tus comentarios en eig@gmx.net
LA LUCHA ENTRE LAS DIFERENTES REPRESENTACIONES DEL MUNDO.
La dantesca confrontación que se está desarrollando en el mundo es mucho más que la supuesta batalla entre propuestas religiosas musulmanas y cristianas.
Lo que parece estar propuesto a escala global, son los esfuerzos portentosos de distintos grupos y sectores por validar, cada uno, su propia visión del mundo, imponiéndola al resto de los grupos y de los pueblos.
A medida que la inseguridad general crece, cada sector pareciera aspirar con más fuerza al ejercicio del poder necesario para hacer que la comunidad crea en sus mismas ideas y valores.
Hace algunos años, cuando los habitantes del planeta éramos muchos menos y los mecanismos y procesos de producción no ejercían aún la presión suficiente como para degradar visiblemente nuestro entrono, nuestras miradas parecían ser seguras y nuestros valores indudables.
Los "extranjeros" vivían lejos y sus turbadoras costumbres estaban encerradas en libros exóticos que podíamos guardar en el fondo de los anaqueles.
Las tardes de lluvia podíamos abrir los textos empolvados y dejar volar la imaginación mientras las gotas caían pesadas, recordándonos la seguridad de nuestro albergue.
Las guerras produjeron grandes dolores.
Se extendieron caminos y abarataron costos de viajes.
Las empresas crecieron necesitando crear nuevos mercados.
La ciencia y la tecnología nos mostraron mundos insospechados y posibilidades increibles.
Y los medios masivos de comunicación empezaron a mostrarse como instrumentos poderosos en el intento de unificar mentalidades, criterios y demandas.
Los lugares exóticos empezaron a ser invadidos por repetidas marcas comerciales.
Mientras los lejanos extranjeros, con sus indescifrables idiomas y sus olores peculiares salieron de los libros tranquilizadores, para cruzarse con nosotros en nuestra propia calle y en nuestras propias vidas.
Lo diferente empezó a ser parte del mundo doméstico y hasta de nosotros mismos, poniendo en nuestra puerta la extraña paradoja de ver crecer un mundo más y más estandarizado en los medios de producción, mientras se mostraba más y más diversificado en las culturas y en las personas.
Diversificación cultural extraña, porque crece y su consuma en una progresiva pérdida de identidades, similar a la confusión que produce el manejo de excesiva información, que en lugar de enriquecer, intoxica y bloquea.
En ese turbador panorama, en el que la progresiva unificación confronta con la creciente diversidad, personas y sectores de intereses luchan por encontrar el propio sentido de vivir.
Y es probable que sea esa búsqueda desesperada, que crece día a día a medida que la inseguridad parece ser mayor, la que estimula la necesidad compulsiva de imponer el propio pensamiento.
Cada grupo humano, y por tanto, cada uno de nosotros, tiene una imágen del mundo en la que ocupa un lugar definido y que le justifica.
Esa visión establece categorías en las que algunos resultan justificados, mientras que a otros se les asignan lugares que les descalifican.
Cuando eso es recíproco, y cada uno descalifica al diferente, el contacto es turbador y la comunicacion imposible.
Como una familia que alberga a un enfermo mental, en la que la irracionalidad va ganando a todos por la falta de un discurso común comprensible. Y que les lleva a que las diferencias no puedan ser abarcadas ni comprendidas a nivel del discurso, trasladándose al plano de los hechos, que se vuelven caóticos y violentos.
Nosotros creemos que algo similar a eso nos pasa hoy.
Y que la gran batalla que se está desarrollando en el planeta, pasa por el esfuerzo de imponer en los demás las representaciones de mundo que justifican a cada persona y a cada sector de intereses.
Los grandes montajes propagandísticos, la lucha por manejar los medios de información de masas, la extrema necesidad de manipular las ideas ajenas, parecen ser parte de ese desesperado intento de validar la propia mirada, y con ella, el juego de los propios intereses.
Por eso es que creemos, cada vez con más fuerza, que es en el campo de la conciencia en donde se está desenvolviendo la lucha nodal y en donde radica el punto crucial del desarrollo del mundo.
Sin embargo, en esa lucha por imponer las propias representaciones de mundo, se están generando redes de individuos que adquieren día a día una mayor capacidad de ubicarse por encima de los enfrentamientos.
Y tenemos confianza y fe, porque estamos convencidos de que por medio de esas redes, los seres humanos estamos adquiriendo una inigualable capacidad de comprender y de ejecutar las acciones necesarias para emerger en los umbrales de un nuevo mundo, al que ya vemos surgir por todas partes y con fuerza incontenible.
Hasta la próxima.
Esperamos tus comentarios en eig@gmx.net
domingo, febrero 23, 2003
NUESTRA POSICIÓN FRENTE A LA GUERRA
En los últimos meses hemos visto crecer las tensiones alrededor del conflicto focalizado, por el gobierno de George W. Bush, en los riesgos que representa Saddan Hussein para el mundo.
Esta es la segunda etapa de la "cruzada" contra el terrorismo, primero, y contra el "eje del mal", después, iniciada luego de los brutales atentados del 11 de Setiembre de 2001 en New York.
Los atentados fueron perpretados, en lo inmediato, por Al Qaeda, según la evidencia que se ha hecho pública, mediante un comando integrado por súbditos sauditas.
Y si sus consecuencias directas fueron terribles, lo que verdaderamente asusta, es que condujo al gobierno de Estados Unidos a considerar a las libertades individuales como armas potenciales del enemigo, justificando, en los ataques a las torres, la mutilación de los derechos de sus propios ciudadanos, que habían sido desde siempre la bandera que hizo de USA el baluarte de la libertad en el mundo.
Asombrosamente, el gobierno de Estados Unidos, pareció hacer triunfar al terror, al responder con la eliminación de sus aspectos más valiosos: las libertades individuales.
Nadie ha respondido a las dudas sobre la existencia de otros inspiradores (además de Al Qaeda), ni se ha profundizado la investigación (o al menos, no se lo ha hecho en forma pública) alrededor de la cantidad de cabos sueltos y de indicios que sugieren la participación de otros sectores del poder mundial.
Agotada la guerra en contra de Afganistán, sin que se pudiera conseguir el objetivo de destruir a Osama Ben Laden (que habría huído, usando el recurso sencillo de ceder su teléfono satelital a un ayudante, con lo que logró no ser detectado por el sistema de vigilancia electrónica), y ante la poca consistencia que mostraba esa temible red de asesinos internacionales, se hacía necesario encontrar rápidamente a otro enemigo.
Saddan Hussein, dictador brutal y sobreviviente de la Guerra del Golfo, fue el elegido para ser destinatario del segundo paso de la ofensiva, tratando de asociar a Irak con Al Qaeda, a pesar de que el mismo gobierno norteamericano había reconocido tiempo atrás que unos y otros carecían de vínculos.
La atribución de integrar un "eje del mal" (nombre digno de haber sido extraído de la inquisición medioeval), pretendió ser argumento suficiente para como para intentar concitar la aprobación del mundo del mundo a esa supuesta campaña liberadora.
El grupo de gobierno en el poder en EEUU, un sector de integrantes del Partido Republicano directamente vinculados a la industria petrolera, y más lejanamente relacionados con la industria militar, hilvanó a partir del S11 un discurso que por momentos parecía salido de la pluma de un guionista.
Refutar argumentos de la realidad, suele ser difícil, pero mucho más difícil puede ser desmoronar las fantasías, cuando son articuladas desde el poder y validadas por él; en especial, cuando la invocación de pruebas secretas impide confrontar los argumentos con una realidad, que de ese modo se vuelve absolutamente elusiva, transformando el consenso en una cuestión de fe.
Una fe difícil de sostener, cuando aun no estan respondidas las preguntas respecto a las relaciones de colaboración y apoyo que Estados Unidos tuviera con Osama Ben Laden (cuando luchaba contra los rusos en Afganistán), o con Saddan Hussein (cuando le asitió, aún con armas químicas, cuando éste luchaba en contra de Irán).
¿Porqué aliados tan próximos de Estados Unidos, terminaron transformándose en sus feroces enemigos?
¿Cómo podríamos tener fe, si no nos han explicado que pasó con sus antiguos protegidos?
El gobierno que encabeza Saddan Hussein en Irak es, sin dudas, un gobierno brutal, que más allá de las diferentes visiones se ha mostrado a lo largo de los años como absolutamente indefendible.
Pero este no es el punto, porque en el mundo hubo, y hay, muchos gobiernos indefendibles que acaparan la atención de poca gente y que no han sido, por ese motivo, objeto de una agresión externa.
Entretanto, la restricción de sus derechos civiles que han asumido los ciudadanos norteamericanos (con mayor o menor consenso interno), por parte de su propio gobierno, pretende ser trasladada al resto del mundo, al que se quiere forzar a aceptar el punto de vista del grupo en el poder en USA, sin la más mínima consideración a principios de respeto mutuo.
No estamos de acuerdo.
Queremos volver al respeto a los derechos individuales que dieron a Estados Unidos el poder moral para modelar el mundo que conocemos, cuando la Francia Revolucionaria tomó los principios de la Declaración de la Independencia norteamericana.
Queremos volver al respeto a los piensan diferente a nosotros.
Y queremos colaborar a que la superioridad de un sistema sobre otro (si existiera), se muestre en la dinámica de sus propios hechos.
La democracia no se impone por medio de palizas.
Los que invocan el riesgo que representa Irak y sus armas de destrucción masiva, parecen olvidar que hoy son los Esatos Unidos los que están amenazando al mundo con un conflicto global, en el que incluso se considera la posibilidad de utilizar armamento atómico.
Vaya paradoja!
Es como pretender terminar con los caníbales, ¡¡¡ ...comiéndoselos a todos...!!!
Hasta la próxima.
Ignacio Gei
Puedes enviar tus comentarios a eig@gmx.net
En los últimos meses hemos visto crecer las tensiones alrededor del conflicto focalizado, por el gobierno de George W. Bush, en los riesgos que representa Saddan Hussein para el mundo.
Esta es la segunda etapa de la "cruzada" contra el terrorismo, primero, y contra el "eje del mal", después, iniciada luego de los brutales atentados del 11 de Setiembre de 2001 en New York.
Los atentados fueron perpretados, en lo inmediato, por Al Qaeda, según la evidencia que se ha hecho pública, mediante un comando integrado por súbditos sauditas.
Y si sus consecuencias directas fueron terribles, lo que verdaderamente asusta, es que condujo al gobierno de Estados Unidos a considerar a las libertades individuales como armas potenciales del enemigo, justificando, en los ataques a las torres, la mutilación de los derechos de sus propios ciudadanos, que habían sido desde siempre la bandera que hizo de USA el baluarte de la libertad en el mundo.
Asombrosamente, el gobierno de Estados Unidos, pareció hacer triunfar al terror, al responder con la eliminación de sus aspectos más valiosos: las libertades individuales.
Nadie ha respondido a las dudas sobre la existencia de otros inspiradores (además de Al Qaeda), ni se ha profundizado la investigación (o al menos, no se lo ha hecho en forma pública) alrededor de la cantidad de cabos sueltos y de indicios que sugieren la participación de otros sectores del poder mundial.
Agotada la guerra en contra de Afganistán, sin que se pudiera conseguir el objetivo de destruir a Osama Ben Laden (que habría huído, usando el recurso sencillo de ceder su teléfono satelital a un ayudante, con lo que logró no ser detectado por el sistema de vigilancia electrónica), y ante la poca consistencia que mostraba esa temible red de asesinos internacionales, se hacía necesario encontrar rápidamente a otro enemigo.
Saddan Hussein, dictador brutal y sobreviviente de la Guerra del Golfo, fue el elegido para ser destinatario del segundo paso de la ofensiva, tratando de asociar a Irak con Al Qaeda, a pesar de que el mismo gobierno norteamericano había reconocido tiempo atrás que unos y otros carecían de vínculos.
La atribución de integrar un "eje del mal" (nombre digno de haber sido extraído de la inquisición medioeval), pretendió ser argumento suficiente para como para intentar concitar la aprobación del mundo del mundo a esa supuesta campaña liberadora.
El grupo de gobierno en el poder en EEUU, un sector de integrantes del Partido Republicano directamente vinculados a la industria petrolera, y más lejanamente relacionados con la industria militar, hilvanó a partir del S11 un discurso que por momentos parecía salido de la pluma de un guionista.
Refutar argumentos de la realidad, suele ser difícil, pero mucho más difícil puede ser desmoronar las fantasías, cuando son articuladas desde el poder y validadas por él; en especial, cuando la invocación de pruebas secretas impide confrontar los argumentos con una realidad, que de ese modo se vuelve absolutamente elusiva, transformando el consenso en una cuestión de fe.
Una fe difícil de sostener, cuando aun no estan respondidas las preguntas respecto a las relaciones de colaboración y apoyo que Estados Unidos tuviera con Osama Ben Laden (cuando luchaba contra los rusos en Afganistán), o con Saddan Hussein (cuando le asitió, aún con armas químicas, cuando éste luchaba en contra de Irán).
¿Porqué aliados tan próximos de Estados Unidos, terminaron transformándose en sus feroces enemigos?
¿Cómo podríamos tener fe, si no nos han explicado que pasó con sus antiguos protegidos?
El gobierno que encabeza Saddan Hussein en Irak es, sin dudas, un gobierno brutal, que más allá de las diferentes visiones se ha mostrado a lo largo de los años como absolutamente indefendible.
Pero este no es el punto, porque en el mundo hubo, y hay, muchos gobiernos indefendibles que acaparan la atención de poca gente y que no han sido, por ese motivo, objeto de una agresión externa.
Entretanto, la restricción de sus derechos civiles que han asumido los ciudadanos norteamericanos (con mayor o menor consenso interno), por parte de su propio gobierno, pretende ser trasladada al resto del mundo, al que se quiere forzar a aceptar el punto de vista del grupo en el poder en USA, sin la más mínima consideración a principios de respeto mutuo.
No estamos de acuerdo.
Queremos volver al respeto a los derechos individuales que dieron a Estados Unidos el poder moral para modelar el mundo que conocemos, cuando la Francia Revolucionaria tomó los principios de la Declaración de la Independencia norteamericana.
Queremos volver al respeto a los piensan diferente a nosotros.
Y queremos colaborar a que la superioridad de un sistema sobre otro (si existiera), se muestre en la dinámica de sus propios hechos.
La democracia no se impone por medio de palizas.
Los que invocan el riesgo que representa Irak y sus armas de destrucción masiva, parecen olvidar que hoy son los Esatos Unidos los que están amenazando al mundo con un conflicto global, en el que incluso se considera la posibilidad de utilizar armamento atómico.
Vaya paradoja!
Es como pretender terminar con los caníbales, ¡¡¡ ...comiéndoselos a todos...!!!
Hasta la próxima.
Ignacio Gei
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jueves, octubre 10, 2002
UN SITIO PARA LA PARTICIPACIÓN
Amigos:
Para todos aquellos interesados en compartir sus experiencias en desarrollo local y micro regional.
Para los que necesitan orientación en sus procesos de crecimiento comunitario.
Para los que quieren transmitir a otros lo que saben.
Para los que quieren hacer conocer noticias interesantes.
Para los que se quieren sentir acompañados.
Para los que quieren trabajar en red.
En fin..., para todos..., hemos abierto un sitio web: "Red de Desarrollo Local", en " www.mobynuke.net/desarrollolocal ".
Quienes necesiten asistencia para participar, por favor comuníquense con nosotros a eig@gmx.net.
Un saludo muy cordial
Amigos:
Para todos aquellos interesados en compartir sus experiencias en desarrollo local y micro regional.
Para los que necesitan orientación en sus procesos de crecimiento comunitario.
Para los que quieren transmitir a otros lo que saben.
Para los que quieren hacer conocer noticias interesantes.
Para los que se quieren sentir acompañados.
Para los que quieren trabajar en red.
En fin..., para todos..., hemos abierto un sitio web: "Red de Desarrollo Local", en " www.mobynuke.net/desarrollolocal ".
Quienes necesiten asistencia para participar, por favor comuníquense con nosotros a eig@gmx.net.
Un saludo muy cordial
viernes, septiembre 20, 2002
BORRADOR DE BASE DE ACUERDOS
Amigos:
Para todos aquellos habitantes de la Argentina, interesados en participar en la generación de redes destinadas a reconstruirnos desde la fe en el futuro y el propio esfuerzo, estamos trabajando sobre un borrador que reuna los puntos sobre los que podemos acordar sin que cada uno renuncie a su perfil y a sus convicciones.
De este modo, podemos dejar de lado discusiones principistas, para establecer bases de acción.
A continuación transcribo algunos de estos puntos, esperando las sugerencias de todos:
Bases de trabajo conjunto para el Desarrollo Regional
- Tenemos confianza en nosotros mismos.
- Asumimos nuestras responsabilidades.
- Reivindicamos la capacidad, la honestidad y la no violencia.
- Afirmamos nuestros lazos con el mundo.
- Confiamos en la solidaridad y nos apoyamos en las redes participativas.
- Estamos dispuestos a resolver nuestros problemas con nuestro trabajo esforzado.
- Asentamos nuestra administración mediante proyectos diseñados al alcance de nuestras posibilidades.
- Trabajamos reconstruyendo nuestros espacios domésticos.
- Fortalecemos las redes de autoproducción y autodemanda.
- Construimos unidades de asistencia financiera recíproca.
- Reconocemos nuestras diferencias.
- Escuchamos las sugerencias de nuestros pares y las criticas de quienes sostienen otros puntos de vista.
- Hacemos todo lo que podemos, aprovechando al máximo lo que tenemos.
- Atendemos al perfeccionamiento de nuestra gestión.
- Avalamos los liderazgos legítimos.
- Nos proyectamos sobre territorios y proyectos gobernables.
Esperamos sus opiniones en eig@gmx.net
Gracias a todos, y hasta la proxima.
Amigos:
Para todos aquellos habitantes de la Argentina, interesados en participar en la generación de redes destinadas a reconstruirnos desde la fe en el futuro y el propio esfuerzo, estamos trabajando sobre un borrador que reuna los puntos sobre los que podemos acordar sin que cada uno renuncie a su perfil y a sus convicciones.
De este modo, podemos dejar de lado discusiones principistas, para establecer bases de acción.
A continuación transcribo algunos de estos puntos, esperando las sugerencias de todos:
Bases de trabajo conjunto para el Desarrollo Regional
- Tenemos confianza en nosotros mismos.
- Asumimos nuestras responsabilidades.
- Reivindicamos la capacidad, la honestidad y la no violencia.
- Afirmamos nuestros lazos con el mundo.
- Confiamos en la solidaridad y nos apoyamos en las redes participativas.
- Estamos dispuestos a resolver nuestros problemas con nuestro trabajo esforzado.
- Asentamos nuestra administración mediante proyectos diseñados al alcance de nuestras posibilidades.
- Trabajamos reconstruyendo nuestros espacios domésticos.
- Fortalecemos las redes de autoproducción y autodemanda.
- Construimos unidades de asistencia financiera recíproca.
- Reconocemos nuestras diferencias.
- Escuchamos las sugerencias de nuestros pares y las criticas de quienes sostienen otros puntos de vista.
- Hacemos todo lo que podemos, aprovechando al máximo lo que tenemos.
- Atendemos al perfeccionamiento de nuestra gestión.
- Avalamos los liderazgos legítimos.
- Nos proyectamos sobre territorios y proyectos gobernables.
Esperamos sus opiniones en eig@gmx.net
Gracias a todos, y hasta la proxima.
jueves, septiembre 05, 2002
ES EL DESARROLLO LOCAL, ESTUPIDO !.
Es probable que aquella frase con la que Bill Clinton afirmó su campaña a la presidencia de los Estados Unidos: “Es la economía, estúpido”, suene en ingles algo menos ofensiva que en español, idioma en el que se oye un poco chocante.
Sin embargo, fue la frase que sintetizó el punto sobre el que había que operar, para resolver los problemas que aquejaban en ese momento, a los Estados Unidos.
Fue tan acertada, que no pocos opinan que fue la consigna que ayudó a llevar a Clinton a la presidencia.
¿Será posible encerrar en una sola consigna, la idea central alrededor de la cual se desarrolle una propuesta positiva, eficaz, eficiente y constructiva en nuestro propio país, la Argentina?
Yo creo que sí, y asumiendo el riesgo de errar, estimo que la opción inmediata es el estímulo al desarrollo local, sobre el que tenemos gobernabilidad plena e incondicionada.
La situación a que hemos llegado con la participación (en distintos grados) de la mayoría de nosotros es compleja y abarca muchos aspectos sociales y productivos.
De estos aspectos, algunos pueden ser de difícil abordaje, pero otros pueden estar mucho más cerca de la solución de lo que imaginamos.
Nuestra inveterada tendencia al pensamiento abstracto y generalizador, pareciera obligarnos tanto a la búsqueda de causas generales, como a realizar propuestas del mismo tenor, que encubren a las posibles soluciones locales.
Sin embargo, si en lugar de esas síntesis generalizadoras (y muchas veces caóticas), bajamos la mirada a la realidad doméstica (desagregando elementos, revisando las diferencias territoriales, y tomando en cuenta todo lo que funciona medianamente bien), veremos que tenemos a la mano importantes posibilidades de resolver, sin ayuda, muchos de nuestros problemas.
Es probable que no podamos resolver los problemas macro económicos (materia de especialistas), pero buena parte de los que nos aquejan diariamente a nivel social, pueden ser bien resueltos por los programas de desarrollo local.
Desde hace varios años, desde mi propia oficina, venimos trabajando en la propuesta de esta clase de soluciones, bajo el eslogan “Desarrollo Sustentable Regional, la alternativa posible”.
Y hemos visto con asombro la potencialidad de los pequeños grupos humanos, cuando ponen manos a la obra tras objetivos fijados localmente, sobre la base de una correcta determinación de sus necesidades, de una consideración precisa de sus recursos y una alta dosis de esfuerzos personales bien administrados.
Esto genera procesos productivos gobernables y muy estabilizadores.
Estas experiencias, altamente participativas, se basan en el estímulo a procesos de auto producción y de auto consumo, mediante el empleo de tecnologías intermedias dirigidas a mercados próximos, y generan una sólida base de satisfacción social.
Como estos procesos no están orientados a la producción masiva, el “nicho” en el que se desarrolla el proceso no compite (sino mínimamente) con la gran producción industrial y permite el desarrollo comunitario en aspectos tan importantes, como son los referidos al reconocimiento de la propia identidad, y al recupero de los saberes locales y su historia.
Estos procesos de autoproducción y autodemanda, son los que se están desarrollando en forma casi espontanea en los clubes de trueque y se expresan en las asambleas de vecinos, que conforman un movimiento muy vital, aunque aún sea muy reciente como para predecir su futuro.
En general, se están produciendo fuera de toda inscripción política, si bien los sectores de izquierda han tratado de influenciarlos con poco éxito.
Por su parte, la pequeña industria local empieza a crecer nuevamente.
Es extremadamente curioso ver que mientras muchos aspectos de la vida social y productiva se siguen deteriorando, los procesos de producción local han hecho crecer por primera vez en cuatro años los índices nacionales de producción industrial.
Y más allá de muchas experiencias intentadas desde la asistencia comunitaria, varias Municipalidades del país, aplicando estos criterios, están logrando soluciones creativas y exitosas.
Valgan como ejemplos, los del Municipio de “General Viamonte”, en la Provincia de Córdoba; el Municipio de “San Patricio del Chañar” en la Provincia de Neuquén; o el Municipio de “La Paz”, en la Provincia de Entre Ríos, que tienen cuentas saneadas, carecen de desocupación y se proyectan al futuro con una expectativa de la que carece buena parte del resto del país.
Cualquier observador diría, con razón, que son solo tres entre varios miles, pero aún siendo pocos, ejemplifican que se pueden desarrollar con éxito políticas de desarrollo local, a pesar de la situación de dificultad general.
Y muestran la validez de las propuestas de “localización”, porque ninguno de esos municipios tuvo una situación diferente al resto del país, ni fue beneficiado por ninguna otra circunstancia particular.
Es decir, que dentro del mismo marco económico e igual contexto político, los que apostaron al desarrollo local y autosostenido han logrado un éxito irrefutable.
Poco a poco y casi sin darnos cuenta, la Argentina se está reconstruyendo desde sus mismas bases, validando, sin haberlo buscado, formas de regionalización y participación comunitaria, que hace solo unos meses no hubieran sido aceptadas mayoritariamente.
Pero hay que señalar que esto esta sucediendo fuera del marco de los partidos políticos tradicionales, que siguen atados a las enunciaciones “magníficas”, masivas y vacías.
Es cierto. Los problemas macroeconómicos deben ser resueltos por expertos, pero un pueblo con carencias graves no puede esperar los tiempos que ellos necesitan.
Entre tanto el Desarrollo Local, se muestra como la alternativa posible.
Es probable que aquella frase con la que Bill Clinton afirmó su campaña a la presidencia de los Estados Unidos: “Es la economía, estúpido”, suene en ingles algo menos ofensiva que en español, idioma en el que se oye un poco chocante.
Sin embargo, fue la frase que sintetizó el punto sobre el que había que operar, para resolver los problemas que aquejaban en ese momento, a los Estados Unidos.
Fue tan acertada, que no pocos opinan que fue la consigna que ayudó a llevar a Clinton a la presidencia.
¿Será posible encerrar en una sola consigna, la idea central alrededor de la cual se desarrolle una propuesta positiva, eficaz, eficiente y constructiva en nuestro propio país, la Argentina?
Yo creo que sí, y asumiendo el riesgo de errar, estimo que la opción inmediata es el estímulo al desarrollo local, sobre el que tenemos gobernabilidad plena e incondicionada.
La situación a que hemos llegado con la participación (en distintos grados) de la mayoría de nosotros es compleja y abarca muchos aspectos sociales y productivos.
De estos aspectos, algunos pueden ser de difícil abordaje, pero otros pueden estar mucho más cerca de la solución de lo que imaginamos.
Nuestra inveterada tendencia al pensamiento abstracto y generalizador, pareciera obligarnos tanto a la búsqueda de causas generales, como a realizar propuestas del mismo tenor, que encubren a las posibles soluciones locales.
Sin embargo, si en lugar de esas síntesis generalizadoras (y muchas veces caóticas), bajamos la mirada a la realidad doméstica (desagregando elementos, revisando las diferencias territoriales, y tomando en cuenta todo lo que funciona medianamente bien), veremos que tenemos a la mano importantes posibilidades de resolver, sin ayuda, muchos de nuestros problemas.
Es probable que no podamos resolver los problemas macro económicos (materia de especialistas), pero buena parte de los que nos aquejan diariamente a nivel social, pueden ser bien resueltos por los programas de desarrollo local.
Desde hace varios años, desde mi propia oficina, venimos trabajando en la propuesta de esta clase de soluciones, bajo el eslogan “Desarrollo Sustentable Regional, la alternativa posible”.
Y hemos visto con asombro la potencialidad de los pequeños grupos humanos, cuando ponen manos a la obra tras objetivos fijados localmente, sobre la base de una correcta determinación de sus necesidades, de una consideración precisa de sus recursos y una alta dosis de esfuerzos personales bien administrados.
Esto genera procesos productivos gobernables y muy estabilizadores.
Estas experiencias, altamente participativas, se basan en el estímulo a procesos de auto producción y de auto consumo, mediante el empleo de tecnologías intermedias dirigidas a mercados próximos, y generan una sólida base de satisfacción social.
Como estos procesos no están orientados a la producción masiva, el “nicho” en el que se desarrolla el proceso no compite (sino mínimamente) con la gran producción industrial y permite el desarrollo comunitario en aspectos tan importantes, como son los referidos al reconocimiento de la propia identidad, y al recupero de los saberes locales y su historia.
Estos procesos de autoproducción y autodemanda, son los que se están desarrollando en forma casi espontanea en los clubes de trueque y se expresan en las asambleas de vecinos, que conforman un movimiento muy vital, aunque aún sea muy reciente como para predecir su futuro.
En general, se están produciendo fuera de toda inscripción política, si bien los sectores de izquierda han tratado de influenciarlos con poco éxito.
Por su parte, la pequeña industria local empieza a crecer nuevamente.
Es extremadamente curioso ver que mientras muchos aspectos de la vida social y productiva se siguen deteriorando, los procesos de producción local han hecho crecer por primera vez en cuatro años los índices nacionales de producción industrial.
Y más allá de muchas experiencias intentadas desde la asistencia comunitaria, varias Municipalidades del país, aplicando estos criterios, están logrando soluciones creativas y exitosas.
Valgan como ejemplos, los del Municipio de “General Viamonte”, en la Provincia de Córdoba; el Municipio de “San Patricio del Chañar” en la Provincia de Neuquén; o el Municipio de “La Paz”, en la Provincia de Entre Ríos, que tienen cuentas saneadas, carecen de desocupación y se proyectan al futuro con una expectativa de la que carece buena parte del resto del país.
Cualquier observador diría, con razón, que son solo tres entre varios miles, pero aún siendo pocos, ejemplifican que se pueden desarrollar con éxito políticas de desarrollo local, a pesar de la situación de dificultad general.
Y muestran la validez de las propuestas de “localización”, porque ninguno de esos municipios tuvo una situación diferente al resto del país, ni fue beneficiado por ninguna otra circunstancia particular.
Es decir, que dentro del mismo marco económico e igual contexto político, los que apostaron al desarrollo local y autosostenido han logrado un éxito irrefutable.
Poco a poco y casi sin darnos cuenta, la Argentina se está reconstruyendo desde sus mismas bases, validando, sin haberlo buscado, formas de regionalización y participación comunitaria, que hace solo unos meses no hubieran sido aceptadas mayoritariamente.
Pero hay que señalar que esto esta sucediendo fuera del marco de los partidos políticos tradicionales, que siguen atados a las enunciaciones “magníficas”, masivas y vacías.
Es cierto. Los problemas macroeconómicos deben ser resueltos por expertos, pero un pueblo con carencias graves no puede esperar los tiempos que ellos necesitan.
Entre tanto el Desarrollo Local, se muestra como la alternativa posible.
domingo, agosto 25, 2002
ARGENTINA, UN EXTRAÑO PAIS..
Este “granero del mundo” con cincuenta y siete por ciento de pobres y veintisiete por ciento de indigentes, sobre una población total de 36 millones de personas, representa una paradoja de imposible comprensión si se ignoran algunas de sus características culturales.
Este país, en el que Joseph Stiglitz (a pesar de su reconocido e indudable perfil capitalista), es ovacionado por una izquierda que sólo escucha lo que quiere oír, y en el que la Reunión Temática Argentina del Foro Social Mundial (a pesar de su franco perfil contestatario), es boicoteada con su ausencia por la mayoría del sector “piquetero”, parece tener un alma sólo comprensible si se reconoce su casi irreversible tendencia a la destrucción propia y recíproca.
Una autodestrucción que parece encontrar un mórbido solaz en la autocompasión asociada a culpar a los demás de los propios problemas, sin buscar las salidas que puede tener en sus manos, porque esas salidas no se alcanzan a imaginar, o implican esfuerzos que no se desea hacer, o significan esperar tiempos que no se quieren aguardar, o contradicen las expectativas de solución que, según cierto discurso social dominante, deben ser ofrecidas por otros, y deben ser dadas, ya.
Si no fuera por el dramatismo del hambre doméstico que crece sin parar y el deterioro irreversible de algunos sectores sociales, esto podría ser motivo de muchos chistes de humor negro y de dudoso gusto.
Pero el absurdo supera toda comicidad para entrar en el plano de lo dramático.
Más, cuando, de cara a las elecciones, los viejos políticos olvidan la responsabilidad que les cabe en la actual situación y pretenden continuar con sus liderazgos repitiendo promesas vacías, que sólo hacen pensar en el desprecio que muestran hacia nosotros, los ciudadanos de a pié.
No hace mucho, me encontraba casualmente en una mesa de café a la que se acercó un político integrante de uno de los sectores más cuestionados del gobierno de la Provincia de Córdoba, y en cierto momento dijo textualmente “ahora, ha llegado la hora de nosotros, los honestos”.
Mi estupor fue tal, que hasta el día de hoy, un par de meses después, lo sigo recordando con asombro y sin poder explicarme como habrá de ser la intimidad de tan extraño personaje, que intenta ser parte, al mismo tiempo, de los aspectos más oscuros y más luminosos de la realidad social, esperando que esa ambigua pertenencia le permita seguir en el poder como líder (ayer de los desaguisados y hoy de los esperados cambios).
Extraño país, Argentina, en el que los mismos que hace unos meses se quejaban de que los desocupados no les dejaban circular con libertad a causa de sus manifestaciones callejeras de protesta, hoy lideran reclamos sociales con visos de líderes natos, asociándose sin memoria con aquellos que ayer miraban despectivamente.
Extraño país en el que se vuelve a discutir sobre los mismos viejos personajes de la política y las mismas viejas ofertas a la hora de proponer candidatos e ideas para las próximas elecciones presidenciales, como si una superestructura cultural operase a modo de corset de hierro de las ideas y de las iniciativas, encerrándolas en un círculo de eterna repetición.
Extraño país, en el que la pobreza y la miseria venían creciendo en forma alarmante desde hace muchos años, pero que sólo pareció volverse importante, cuando afectó a los ahorros de la clase media (a la que, por otra parte y por extraña coincidencia, pertenecen la mayoría de los periodistas).
Momento a partir del cual, los reclamos de sectores tradicionalmente postergados parecieron adquirir derechos de primera plana, como si fueran inéditos, y que parecen haber hecho que, asombrosamente, todos de la noche a la mañana, descubriéramos que éramos muy, pero muy pobres.
¿Tanto cambiamos en tan poco tiempo?
¿O es que no nos reconocíamos antes, o no nos reconocemos en este momento?
No dejo de lado la consideración del hambre extremo, que ha aquejado a muchos de nuestros compatriotas desde antes de ahora, cuando todavía buena parte de nosotros nos creíamos parte del primer mundo.
Ni ignoro la pérdida de los ahorros de un importante sector de la clase media, y la quiebra del sistema bancario.
Pero algo falla en nuestra propia imagen.
Ni antes éramos el país desarrollado que decíamos ser, ni ahora estamos en la situación de extrema pobreza que argumentamos.
Tenemos intactos muchos de nuestros recursos y la capacidad humana disponible es excepcional.
Quizás debamos preguntarnos porque no somos capaces de movilizar nuestras propias potencias, o porque no podemos ajustar nuestras imágenes a la realidad de lo que somos y de lo que nos rodea.
Al volver, ahora, a discutir como nuevos, los viejos y gastados liderazgos, ¿no estaremos mostrando que la incapacidad para reconocernos nos impide asumir la responsabilidad de nuestra propia conducción, como gentes maduras que se hacen cargo de sus actos y de sus aciertos y errores?.
Cuando los sectores afectados salieron a la calle a reclamar por lo que habían perdido, las asambleas barriales mostraron su potencia como formas de representación y semillero de nuevos líderes.
En estos grupos se reunieron sectores muy diversos, y si algunos eran adeptos a propuestas violentas, otros se mostraron decididamente partidarios del esfuerzo propio y solidario.
Lamentablemente, la confusión de tan distintas agrupaciones, y la fuerte manipulación que algunos sectores intentaran sobre esos incipientes grupos de democracia directa, pudieron haber desalentado la experiencia, pero en esas reuniones pudo verse el germen de la voluntad de llegar a un gobierno maduro, por parte de un pueblo que quería serlo.
Y en esas reuniones y asambleas, muchos de los que se animaron a proponer repetir con esfuerzo y sin violencia, la gesta de nuestros abuelos (que con mucho menos recursos construyeron la base de lo que hoy tenemos), sugerían tener la fuerza y la capacidad para llevar adelante su propuesta.
¿Pudo asustar, ese nuevo movimiento, a las endurecidas estructuras del poder local?
¿Pudo, esa vieja dirigencia, incapaz de vivir fuera del Estado, temer por la pérdida de sus espacios políticos?
El llamado a elecciones pareció cerrar ese proceso de apertura hacia nuevos líderazgos, al volver a replantear la discusión alrededor de los antiguos sectores de poder.
Sin embargo, nadie ha podido capitalizar esa fuerza social que se exhibe larvada a la espera de una renovación de cuadros y propuestas.
Mientras tanto, los pequeños talleres y las pequeñas fábricas vuelven a abrir las puertas que una mala política pública había condenado a la desaparición.
Poderosos lazos sociales se renuevan y más allá de cierta superficialidad de muchas propuestas, la solidaridad, base de construcción del tejido social, vuelve a instaurarse como valor importante.
Faltaría encontrar la manera de reunir a las gentes de buena voluntad, para que aproveche de sus capacidades en la reconstrucción del mundo que legaremos a nuestros hijos.
Si miráramos un poco más allá de nosotros mismos veríamos que no estamos tan mal como creemos, que estamos muy lejos de ser los dueños del sufrimiento del mundo, y que, con nuestro esfuerzo sostenido, podremos recuperar buena parte de lo que creemos desaparecido.
Incluso, es probable que podamos crear un mundo mejor.
Quizás más frugal, pero más sólido y más maduro.
Pero para eso parece necesario que dejemos de esperar que otros resuelvan nuestros problemas y nos aboquemos al esfuerzo de recrearnos.
Reconstruir la confianza en nosotros mismos puede ser el primer paso.
Reconstruir los lazos con el mundo que nos rodea, reconociendo nuestras responsabilidades y también los límites de los demás (que con frecuencia parecemos olvidar).
Animarnos a asumir los liderazgos necesarios para el diseño de nuevos programas de gestión
Reivindicar una inclaudicable honestidad y poner, con humildad, manos a la obra en la construcción de las pequeñas soluciones, que son, a la postre, el sustento en la edificación de cualquier país.
No sólo lo dijo Stiglitz.
También el Washington Post lo decía el 26 de abril pasado.
Es hora de que encontremos nuestras propias soluciones.
Sin duda, nuestros hijos nos lo agradecerán.
Envíanos tu comentarios, críticas y sugerencias a: eig@gmx.net
Este “granero del mundo” con cincuenta y siete por ciento de pobres y veintisiete por ciento de indigentes, sobre una población total de 36 millones de personas, representa una paradoja de imposible comprensión si se ignoran algunas de sus características culturales.
Este país, en el que Joseph Stiglitz (a pesar de su reconocido e indudable perfil capitalista), es ovacionado por una izquierda que sólo escucha lo que quiere oír, y en el que la Reunión Temática Argentina del Foro Social Mundial (a pesar de su franco perfil contestatario), es boicoteada con su ausencia por la mayoría del sector “piquetero”, parece tener un alma sólo comprensible si se reconoce su casi irreversible tendencia a la destrucción propia y recíproca.
Una autodestrucción que parece encontrar un mórbido solaz en la autocompasión asociada a culpar a los demás de los propios problemas, sin buscar las salidas que puede tener en sus manos, porque esas salidas no se alcanzan a imaginar, o implican esfuerzos que no se desea hacer, o significan esperar tiempos que no se quieren aguardar, o contradicen las expectativas de solución que, según cierto discurso social dominante, deben ser ofrecidas por otros, y deben ser dadas, ya.
Si no fuera por el dramatismo del hambre doméstico que crece sin parar y el deterioro irreversible de algunos sectores sociales, esto podría ser motivo de muchos chistes de humor negro y de dudoso gusto.
Pero el absurdo supera toda comicidad para entrar en el plano de lo dramático.
Más, cuando, de cara a las elecciones, los viejos políticos olvidan la responsabilidad que les cabe en la actual situación y pretenden continuar con sus liderazgos repitiendo promesas vacías, que sólo hacen pensar en el desprecio que muestran hacia nosotros, los ciudadanos de a pié.
No hace mucho, me encontraba casualmente en una mesa de café a la que se acercó un político integrante de uno de los sectores más cuestionados del gobierno de la Provincia de Córdoba, y en cierto momento dijo textualmente “ahora, ha llegado la hora de nosotros, los honestos”.
Mi estupor fue tal, que hasta el día de hoy, un par de meses después, lo sigo recordando con asombro y sin poder explicarme como habrá de ser la intimidad de tan extraño personaje, que intenta ser parte, al mismo tiempo, de los aspectos más oscuros y más luminosos de la realidad social, esperando que esa ambigua pertenencia le permita seguir en el poder como líder (ayer de los desaguisados y hoy de los esperados cambios).
Extraño país, Argentina, en el que los mismos que hace unos meses se quejaban de que los desocupados no les dejaban circular con libertad a causa de sus manifestaciones callejeras de protesta, hoy lideran reclamos sociales con visos de líderes natos, asociándose sin memoria con aquellos que ayer miraban despectivamente.
Extraño país en el que se vuelve a discutir sobre los mismos viejos personajes de la política y las mismas viejas ofertas a la hora de proponer candidatos e ideas para las próximas elecciones presidenciales, como si una superestructura cultural operase a modo de corset de hierro de las ideas y de las iniciativas, encerrándolas en un círculo de eterna repetición.
Extraño país, en el que la pobreza y la miseria venían creciendo en forma alarmante desde hace muchos años, pero que sólo pareció volverse importante, cuando afectó a los ahorros de la clase media (a la que, por otra parte y por extraña coincidencia, pertenecen la mayoría de los periodistas).
Momento a partir del cual, los reclamos de sectores tradicionalmente postergados parecieron adquirir derechos de primera plana, como si fueran inéditos, y que parecen haber hecho que, asombrosamente, todos de la noche a la mañana, descubriéramos que éramos muy, pero muy pobres.
¿Tanto cambiamos en tan poco tiempo?
¿O es que no nos reconocíamos antes, o no nos reconocemos en este momento?
No dejo de lado la consideración del hambre extremo, que ha aquejado a muchos de nuestros compatriotas desde antes de ahora, cuando todavía buena parte de nosotros nos creíamos parte del primer mundo.
Ni ignoro la pérdida de los ahorros de un importante sector de la clase media, y la quiebra del sistema bancario.
Pero algo falla en nuestra propia imagen.
Ni antes éramos el país desarrollado que decíamos ser, ni ahora estamos en la situación de extrema pobreza que argumentamos.
Tenemos intactos muchos de nuestros recursos y la capacidad humana disponible es excepcional.
Quizás debamos preguntarnos porque no somos capaces de movilizar nuestras propias potencias, o porque no podemos ajustar nuestras imágenes a la realidad de lo que somos y de lo que nos rodea.
Al volver, ahora, a discutir como nuevos, los viejos y gastados liderazgos, ¿no estaremos mostrando que la incapacidad para reconocernos nos impide asumir la responsabilidad de nuestra propia conducción, como gentes maduras que se hacen cargo de sus actos y de sus aciertos y errores?.
Cuando los sectores afectados salieron a la calle a reclamar por lo que habían perdido, las asambleas barriales mostraron su potencia como formas de representación y semillero de nuevos líderes.
En estos grupos se reunieron sectores muy diversos, y si algunos eran adeptos a propuestas violentas, otros se mostraron decididamente partidarios del esfuerzo propio y solidario.
Lamentablemente, la confusión de tan distintas agrupaciones, y la fuerte manipulación que algunos sectores intentaran sobre esos incipientes grupos de democracia directa, pudieron haber desalentado la experiencia, pero en esas reuniones pudo verse el germen de la voluntad de llegar a un gobierno maduro, por parte de un pueblo que quería serlo.
Y en esas reuniones y asambleas, muchos de los que se animaron a proponer repetir con esfuerzo y sin violencia, la gesta de nuestros abuelos (que con mucho menos recursos construyeron la base de lo que hoy tenemos), sugerían tener la fuerza y la capacidad para llevar adelante su propuesta.
¿Pudo asustar, ese nuevo movimiento, a las endurecidas estructuras del poder local?
¿Pudo, esa vieja dirigencia, incapaz de vivir fuera del Estado, temer por la pérdida de sus espacios políticos?
El llamado a elecciones pareció cerrar ese proceso de apertura hacia nuevos líderazgos, al volver a replantear la discusión alrededor de los antiguos sectores de poder.
Sin embargo, nadie ha podido capitalizar esa fuerza social que se exhibe larvada a la espera de una renovación de cuadros y propuestas.
Mientras tanto, los pequeños talleres y las pequeñas fábricas vuelven a abrir las puertas que una mala política pública había condenado a la desaparición.
Poderosos lazos sociales se renuevan y más allá de cierta superficialidad de muchas propuestas, la solidaridad, base de construcción del tejido social, vuelve a instaurarse como valor importante.
Faltaría encontrar la manera de reunir a las gentes de buena voluntad, para que aproveche de sus capacidades en la reconstrucción del mundo que legaremos a nuestros hijos.
Si miráramos un poco más allá de nosotros mismos veríamos que no estamos tan mal como creemos, que estamos muy lejos de ser los dueños del sufrimiento del mundo, y que, con nuestro esfuerzo sostenido, podremos recuperar buena parte de lo que creemos desaparecido.
Incluso, es probable que podamos crear un mundo mejor.
Quizás más frugal, pero más sólido y más maduro.
Pero para eso parece necesario que dejemos de esperar que otros resuelvan nuestros problemas y nos aboquemos al esfuerzo de recrearnos.
Reconstruir la confianza en nosotros mismos puede ser el primer paso.
Reconstruir los lazos con el mundo que nos rodea, reconociendo nuestras responsabilidades y también los límites de los demás (que con frecuencia parecemos olvidar).
Animarnos a asumir los liderazgos necesarios para el diseño de nuevos programas de gestión
Reivindicar una inclaudicable honestidad y poner, con humildad, manos a la obra en la construcción de las pequeñas soluciones, que son, a la postre, el sustento en la edificación de cualquier país.
No sólo lo dijo Stiglitz.
También el Washington Post lo decía el 26 de abril pasado.
Es hora de que encontremos nuestras propias soluciones.
Sin duda, nuestros hijos nos lo agradecerán.
Envíanos tu comentarios, críticas y sugerencias a: eig@gmx.net
domingo, enero 20, 2002
El Futuro Argentino está en nuestras manos.
Enero de 2002.
Sumergidos en múltiples torbellinos de acontecimientos sociales violentos y caóticos que tienen a la Argentina por escenario, parecemos incapaces de librarnos de la confusión, y mirarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno, con la mínima serenidad de juicio que nos permita asumir las conductas y los roles que colaboren a resolver los conflictos en los que estamos inmersos.
Repentinamente, el mundo parece haberse derrumbado y sólo se oyen acusaciones y expresiones de resentimiento y rencor.
Todo es desesperación y pesimismo.
Y el mañana se ha esfumado en la incertidumbre.
Pareciera que es tiempo de recordar aquellas palabras de Alberto Einstein: "El mundo que hemos creado como consecuencia de nuestra forma de pensar, tiene problemas que no pueden ser resueltos, pensando del modo en que pensabamos cuando lo creamos".
Es probable que ningún miembro de nuestra generación recuerde una crisis tan profunda como la actual, porque aun en la época de la guerrilla y de los enfrentamientos internos armados de los años '70, a pesar de la conmoción social que entonces vivíamos, había creencias firmes y certezas indudables, sobre las que las personas actuaban.
Los setenta fueron años de emblemas y banderas que daban razones para vivir o para morir.
Hoy no hay estandartes, y las únicas banderas de lucha consisten en exigencias de dádivas y limosnas, que los sectores sociales empobrecidos reclaman, como un derecho, a los grupos de poder que hasta hace poco eran apoyados y vivados por aquellos.
La sensación general, es que no hay ninguna salida.
Que nosotros no podemos hacer absolutamente nada.
Que fuimos víctimas de un poder irreductible.
Y que sólo ese poder puede volver a salvarnos.
¿Y es que acaso nosotros no fuimos responsables de nada?
¿No tuvimos ningún grado de culpa en los sucesos que nos han tenido por parte?
Como adolescentes caprichosos, culpamos al mundo del fracaso de nuestras fantasías infantiles, olvidando las complicidades con que construimos día a día la catástrofe de nuestro mundo cotidiano.
Hoy, como hace ya bastante tiempo, los organismos internacionales repiten una frase que parece sonar misteriosa. "Elaboren un programa de gestión, y luego conversamos".
Un verdadero misterio, para quienes siempre hemos despreciado los proyectos y programas, porque nuestra picardía y nuestra "viveza criolla", necesitaban del solapado oportunismo y del pensamiento superficial que la planificación excluía; y porque la abstracción compulsiva que caracteriza nuestra cultura local, nos aleja sistemáticamente de la acción.
La Construcción del Futuro.
Pero, sobre ese campo desvastado de nuestra propia identidad absolutamente frustrada, se alza el compromiso de legar a nuestros hijos un futuro sustentable y digno.
Así como, a casi todos, se nos escapa el manejo de lo macro económico y de lo macro político, todos sin excepción tenemos diversos grados de gobernabilidad sobre nuestros mundos domésticos.
Y es ese el espacio de la construcción posible.
El desarrollo local no es un utopía.
La generación de mecanismos de autoproducción y autodemanda.
La revalorización de los instrumentos de gestión.
La utilización de los instrumentos de información y comunicación.
La profundización en las nuevos recursos de conocimiento, que permiten la comprension y el manejo de la complejidad.
La estructuración de redes de asistencia y contensión recíproca.
Son algunos de los innumerables medios de construcción que tenemos a la mano.
Tanto en el "Estudio IG", como en "Apadre", venimos trabajando desde hace muchos años en esa construcción de lo social.
Hoy te invitamos a hermanarnos en un abrazo solidario, a seguir creyendo en nosotros mismos, y a seguir trabajando en la construcción del mundo que queremos.
Hasta la próxima.
Enero de 2002.
Sumergidos en múltiples torbellinos de acontecimientos sociales violentos y caóticos que tienen a la Argentina por escenario, parecemos incapaces de librarnos de la confusión, y mirarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno, con la mínima serenidad de juicio que nos permita asumir las conductas y los roles que colaboren a resolver los conflictos en los que estamos inmersos.
Repentinamente, el mundo parece haberse derrumbado y sólo se oyen acusaciones y expresiones de resentimiento y rencor.
Todo es desesperación y pesimismo.
Y el mañana se ha esfumado en la incertidumbre.
Pareciera que es tiempo de recordar aquellas palabras de Alberto Einstein: "El mundo que hemos creado como consecuencia de nuestra forma de pensar, tiene problemas que no pueden ser resueltos, pensando del modo en que pensabamos cuando lo creamos".
Es probable que ningún miembro de nuestra generación recuerde una crisis tan profunda como la actual, porque aun en la época de la guerrilla y de los enfrentamientos internos armados de los años '70, a pesar de la conmoción social que entonces vivíamos, había creencias firmes y certezas indudables, sobre las que las personas actuaban.
Los setenta fueron años de emblemas y banderas que daban razones para vivir o para morir.
Hoy no hay estandartes, y las únicas banderas de lucha consisten en exigencias de dádivas y limosnas, que los sectores sociales empobrecidos reclaman, como un derecho, a los grupos de poder que hasta hace poco eran apoyados y vivados por aquellos.
La sensación general, es que no hay ninguna salida.
Que nosotros no podemos hacer absolutamente nada.
Que fuimos víctimas de un poder irreductible.
Y que sólo ese poder puede volver a salvarnos.
¿Y es que acaso nosotros no fuimos responsables de nada?
¿No tuvimos ningún grado de culpa en los sucesos que nos han tenido por parte?
Como adolescentes caprichosos, culpamos al mundo del fracaso de nuestras fantasías infantiles, olvidando las complicidades con que construimos día a día la catástrofe de nuestro mundo cotidiano.
Hoy, como hace ya bastante tiempo, los organismos internacionales repiten una frase que parece sonar misteriosa. "Elaboren un programa de gestión, y luego conversamos".
Un verdadero misterio, para quienes siempre hemos despreciado los proyectos y programas, porque nuestra picardía y nuestra "viveza criolla", necesitaban del solapado oportunismo y del pensamiento superficial que la planificación excluía; y porque la abstracción compulsiva que caracteriza nuestra cultura local, nos aleja sistemáticamente de la acción.
La Construcción del Futuro.
Pero, sobre ese campo desvastado de nuestra propia identidad absolutamente frustrada, se alza el compromiso de legar a nuestros hijos un futuro sustentable y digno.
Así como, a casi todos, se nos escapa el manejo de lo macro económico y de lo macro político, todos sin excepción tenemos diversos grados de gobernabilidad sobre nuestros mundos domésticos.
Y es ese el espacio de la construcción posible.
El desarrollo local no es un utopía.
La generación de mecanismos de autoproducción y autodemanda.
La revalorización de los instrumentos de gestión.
La utilización de los instrumentos de información y comunicación.
La profundización en las nuevos recursos de conocimiento, que permiten la comprension y el manejo de la complejidad.
La estructuración de redes de asistencia y contensión recíproca.
Son algunos de los innumerables medios de construcción que tenemos a la mano.
Tanto en el "Estudio IG", como en "Apadre", venimos trabajando desde hace muchos años en esa construcción de lo social.
Hoy te invitamos a hermanarnos en un abrazo solidario, a seguir creyendo en nosotros mismos, y a seguir trabajando en la construcción del mundo que queremos.
Hasta la próxima.
miércoles, junio 20, 2001
Hace ya varios meses que pusimos en linea nuestro último artículo, y desde entonces nuestra experiencia ha crecido significativamente.
La República del Paraguay nos cobijó durante seis meses con cariño y generosidad, y nos permitió familiarizarnos con un pueblo alegre y laborioso.
Nuestros años de experiencia nos ayudaron a jugar un papel protagónico en un proceso de coordinación de diversos sectores productivos que, orientados hacia un interés común de desarrollo sustentable, crearon, en poco tiempo, bases para una evolución común duradera.
El Banco Interamericano de Desarrollo (con su trabajo de capacitación y estímulo), los productores agrícolas de la Coooperativa de Coronel Oviedo (aportando toda su capacidad productiva) y Yasy Porá SRL (empresa de Asunción, dedicada al procesamiento de alimentos), encontraron uno en el otro (ayudados por la gestión del "Estudio IG"), a la contraparte que permitiera potenciar las capacidades de cada uno, en beneficio de todos.
Seis meses pasaron desde que tuvimos en Asunción nuestra primera reunión común, hasta que se hiciera la primera entrega de hortalizas para ser congeladas, y accedar así a mercados más amplios con precios mas competitivos.
Durante esos seis meses, los productores agrícolas debieron tomar múltiples decisiones comerciales y técnicas reorientando sus cultivos hacia las hortalizas que Yasy Porá SRL se proponía comenzar a congelar.
Yasy Porá SRL, por su parte, debió hacer un complejo montaje de una linea de congelamiento eficaz y con alta capacidad de procesamiento.
Los Funcionarios del BID, no perdieron nunca la paciencia para asistir en las dificultades y dudas, y prestaron un apoyo insustituible y constante.
Y nosotros, el Estudio IG, dedicamos nuestro tiempo a facilitar las relaciones interpersonales, y a estimular y madurar los estudios sociales y comerciales que permitieron establecer las bases de un programa de trabajo duradero.
En el mes de junio volvimos a la Argentina, contentos por haber dejado todo en marcha, pero tristes por no poder prolongar nuestra estancia, limitados por motivos ajenos a la tarea.
Y extrañando a aun pueblo como el paraguayo, tan acogedor como lleno de alegría de vivir.
Estas experiencias, exhiben el potencial de nuestros pueblos, cuando al interés productivo se le suma la solidaridad social y el esfuerzo laborioso, mostrando que la autoproducción y la autogestión constituyen el camino a recorrer.
domingo, febrero 11, 2001
Trabajo Teórico y Práctica Social
En el artículo anterior hacíamos referencia a la dificultades que nos plantea la participación comunitaria, en nuestro desempeño en la República Argentina.
Otro aspecto de esa dificultad la vivimos en nuestro propio trabajo interno, en la medida en que la articulación de la gestión de especialistas en diferentes disciplinas genera problemas cuya resolución no parece ser del todo ajena al tema de la participación.
Nuestros equipos de trabajo (tanto en el Estudio IG, como en Apadre) están conformados por grupos interdisciplinarios, que si bien son convocados para cada asunto puntual, tienen -en su mayoría- una historia de trabajo común que les hace conocerse, uno al otro, en sus capacidades y sus debilidades, tanto como en sus posiciones personales y teóricas.
A pesar de ello, la conformación de cada identidad personal, cristalizada en el marco de sus prácticas profesionales, repite análogas discusiones, en las que cada uno se enmarca -con cierta tozudez- en sus propios paradigmas disciplinares, eludiendo una u otra vez el encuentro de espacios de reconocimiento recíproco (en algunos temas especialmente críticos).
Esto también se traslada a la práctica, que con relativa frecuencia se frustra porque los esquemas teóricos que las diferentes corrientes proponen como métodos de interpretación o de gestión, se pretenden aplicar tan estrictamente, que adquieren más fuerza que la misma realidad a la que terminan negando y pretendiendo sustituir.
La consecuencia es que intelectuales de prestigio se ven imposibilitados de actuar sobre la estructura de los hechos que les rodean, porque no pueden asimilar las diferencias entre esa "realidad" y sus "teorías".
Y ante una realidad que les niega, sumada a la rigidez de sus estructuras teóricas que les impiden modificarlas, terminan sumergiéndose en la laberíntica tarea de encontrar las filigranas de una construccíon intelectual sin encuadre ni fijación material, que sólo sobrevive por la pretendida coherencia interna de un razonamiento lineal, y el (sorprendente) respaldo académico que ese modo de pensar obtiene.
Esto es más visible cuando se pide la colaboración de varios profesionales de la misma disciplina, pero que están formados dentro de distintas escuelas de pensamiento y que, por ello, tienen diferentes enfoques teóricos.
Las interminables discusiones que entonces se producen son clara expresión de una parcialidad cubierta de interminables razones, que no alcanzan a explicar porque, varios excelentes teóricos, pueden disentir tanto y de tal modo en nombre de la misma "verdad".
Esto suele ir acompañado de un alejamiento progresivo de una práctica social que, además de hacerse cada vez más lejana, deja de ser patrón de validez.
Una escisión entre teoría y práctica se suma a la fractura que marca la falta de participación comunitaria en la búsqueda de los logros a los que se aspira.
Por ello, el problema de la participación comunitaria a que hacíamos referencia en nuestro pequeño artículo anterior, no es ajena a la forma en que nuestros dirigentes y técnicos ven el mundo que pretenden orientar y conducir .
En Argentina la escisión entre el pensamiento y la acción (esa escisión que a Ortega y Gasset le hizo decir "argentinos, a las cosas..."), es otro aspecto más de las dificultades que plantea la gestión comunitaria.
Seguimos esperando sus opiniones para continuar con este diálogo, en: opiniones@estudioig.com
Hasta la próxima.
martes, febrero 06, 2001
Generalizaciones, hechos aislados y participación
Vuelvo a aclarar que escribo desde la República Argentina, y lo reitero porque no es un detalle menor.
Nuestros viajes recientes fuera de Argentina, y muy especialmente las actividades de apoyo al Desarrollo Micro Regional que estamos comenzando a llevar a cabo en la República del Paraguay, nos sugieren que varios de nuestros pensamientos están muy determinados por la situación cultural y social argentina, por lo que las generalizaciones pueden resultar dudosas.
Sin embargo, nos parece importante exteriorizar estas reflexiones, porque se refieren a pensamientos que, en nuestro espacio doméstico, constituyen conflictos repetidos y no resueltos.
Aquellos de nosotros que -muy jóvenes- tuvimos algún protagonismo político en los años '70, recordamos los discursos grandielocuentes que prometían inmediatas auroras rojas que cambiarían el mundo haciendo a todos muy felices. Para ello había que derrotar a los enemigos del pueblo, seres malignos, responsables de todos los horrores del mundo.
No había matices.
Se era bueno o se era malo.
Se era revolucionario o reaccionario, sin que cupiera ninguna otra posición.
Además, todo era verdad, y cada uno la poseía entera.
Lo individual era -casi- una mala palabra, e izquierdas y derechas, exigían fidelidades absolutas e irrenunciables a la "verdad" que encerraban.
El "pueblo" por un lado, y la "patria" por otro, eran conceptos que nadie explicaba pero todos creian entender sin cortapisas.
Como todo imperio de mil años, los procesos terminaron prontamente, en la derrota, el desastre y la vergüenza.
Y quizás por esa fractura, cayó la fé en el pensamiento excesivamente generalizador. Ese pensamiento que lo explica todo desde unilaterales puntos de partida.
Sin embargo, actualmente parecemos haber accedido a afirmar una posición contraria, fuertemente individualista, pero tan excesiva como aquella.
Hoy, en Argentina, vemos aflorar la cerrada negativa social y de los medios de difusión, a todo discurso que pretenda tener alguna validez general para algún aspecto de la realidad.
Se impone -casi por la fuerza- el análisis de los hechos aislados, separados de sus contextos, a los que se descalifica como generalizaciones insustanciales.
Y esto incide sustancialmente en nuestro trabajo.
Porque el diseño de programas de Desarrollo Micro Regional, implica analizar y crear contextos, definir marcos más o menos generales, emitir juicios sobre procesos que encuadran muchos hechos diferentes.
Si el desarrollo se logra a fuerza de acciones individuales, esas acciones necesitan tener coherencia -interna y entre sí-, para que el resultado sea el buscado.
Cuando una comunidad nos pide auxilio para su desarrollo, lo que espera son instrumentos que les faciliten cambios tales, que les permita a todos ser mas felices, y no capacitaciones aisladas para el enriquecimiento de algunos y la conservación del dolor de los demás.
Sin embargo, esa expectativa de mejora comunitaria choca contra la falta de confianza en las gestiones de coordinación.
Cada uno quiere que el beneficio le alcance a sí mismo y rápido...., y en cuanto al resto... ya veremos...
Con frecuencia nos ha resultado muy difícil resolver esa contradicción, que tiene un modo de expresión en la reticencia a toda participación en los esfuerzos, acompañada de una fuerte tendencia a participar en beneficios para los que no se ha aportado.
Estamos haciendo un gran esfuerzo en mejorar nuestra comprensión de este problema, y nos gustaría escuchar sus opiniones y experiencias.
Esperamos tus noticias en: opiniones@estudioig.com
jueves, febrero 01, 2001
Globalización y Desarrollo Micro Regional
La Globalización es un fenómeno complejo que, con sus múltiples aristas, permite innumerables miradas y diversas descripciones.
Desde el Estudio IG, con el apoyo de Apadre, tratamos de trabajar en consonancia con ese múltiple proceso, redefiniendo y afirmando las identidades locales, en la medida en que creemos que sin identidad definida y una capacidad integrada de autoproducción, es muy difícil dejar de ser una víctima de los aspectos negativos de la globalización, para pasar a ser capaz de gozar de sus beneficios.
La globalización se ha producido de un modo tan acelerado, que algunos de nosotros parecemos haber olvidado el buen principio de que cada uno debe satisfacer sus necesidades básicas en el ámbito de lo doméstico, más allá de las responsabilidades de otros en la conducción global del mundo.
En muchos sectores sociales de la República Argentina (desde donde escribo), sus expectativas no pasan por producir aprovechando las posiblidades de las propias circunstancias, sino por esperar de los supuestos responsables de los procesos globales soluciones imaginadas más sobre las dádivas, que sobre los esfuerzos personales.
Las circunstancias que han llevado a la globalización (y el modo en que esta se está desarrollando) han producido importantes reorganizaciones y cambios en las estructuras de producción, que han tenido, entre otras consecuencias, fuertes retracciones en el mercado de trabajo tal como lo conocemos.
Los puestos de trabajo existentes en el marco de economías de mercado basadas en la producción seriada, resultan insuficientes, y poco parecen poder hacer los Estados en un mundo en que la pobreza y la violencia crecen de manera alarmante.
Donde cada vez hay más personas incapacitadas de conseguir trabajo en relación de dependencia, se impone la búsqueda de otros modelos de producción e intercambios.
Algunos economistas definen a este proceso como "de salida de la sociedad salarial", y es en este aspecto en donde se muestra la pertinencia de viejas propuestas que sobre la base de que todo hombre o mujer debe producir al menos lo que consume, insisten en la necesidad de cierto grado de autoproducción que disminuya o liberere de la dependencia del salario.
En esto coinciden muchas corrientes políticas diversas.
El viejo concepto anarquista de la "acción directa" (que no implicaba violencia, sino gestión personal de la producción), se asocia a la propuesta socialista de la "autogestión", a la ambientalista de "autosuficiencia" y, en cierta medida, a la liberal de la "iniciativa privada".
Todas esas ideas, a pesar de ser propuestas en (y para) diferentes contextos sociales y políticos, afirman la necesidad de satisfacer por sí mismos las necesidades domésticas.
Pero, satisfacer las necesidades domésticas con la propia producción, exige de cada uno de nosotros un cambio importante en nuestra mirada del mundo, en la forma de relacionarnos con nuestro entorno y con los demas, en las expectativas de vida, ademas de requerir, en muchos casos, la adquicisión de destrezas de las que carecemos.
Aclaramos que hablamos de necesidades básicas, y no de necesidades culturales cuya satisfacción puede ser mejor resuelta por mecanismo sociales tradicionales. Y reconocemos que la distinción entre unas y otras puede ser dificultosa, y la descripción polémica.
Sin embargo, asumimos ese idea como uno de los presupuestos de nuestra gestión, destinada a la asistencia al desarrollo local basada en la estimulación de mecanismos de esfuerzo propio y ayuda mutua.
Eso implica un trato directo con los habitantes de una determinada región, y una asistencia diaria en la recuperación de la memoria social que permita una reidentificación con nuevos roles laborales y comunitarios.
Progresivamente iremos compartiendo con ustedes nuestra experiencia, concretada con diversos grados de éxito, en diversas localidades.
Y esperamos que sus opiniones sirvan para el enriquecimiento de todos.
Hasta la próxima.
Nos gusta escucharte en: opiniones@estudioig.com
lunes, enero 29, 2001
Presentación
Desde hace muchos años que desde el "Estudio IG - Equipos Interdisciplinarios para el Desarrollo Sustentable" trabajando en coordinación con la "Asociación de Promoción y Apoyo al Desarrollo Sustentable Regional (Apadre)" nos venimos preocupando y ocupando del asistir procesos de desarrollo micro regional.
Originalmente ocupados de sus aspectos medio ambientales, fuimos poco a poco inclinándonos hacia una visión más integral, en la medida en que fuimos creyendo, cada vez con mayor fuerza, que si se la aislaba del desarrollo, la problematica del medio ambiente no pasaba de ser una ocupación meramente teórica.
Por eso vamos a usar este espacio en la web para difundir nuestro pensamiento y nuestras acciones, confiando en que quienes compartan o critiquen nuestras miradas y gestiones compartan con nosotros su pensamiento, para madurar desde el esfuerzo compartido.
Por el momento, valga esta presentación.
Poco a poco este sitio se irá enriqueciendo con nuestro aporte y el intercambio de ideas con ustedes.
Hasta la próxima.
Esperamos sus opiniones en: opiniones@estudioig.com
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