domingo, mayo 06, 2012

Argentina: epopeyas públicas y tramas de complicidades privadas

Tratar de comprender los complejos juegos que animan a la cultura argentina implica profundizar en un mundo de escondidas elusiones y de misteriosas tramas.
Con una población cuyos múltiples orígenes étnicos y nacionales definieron la pérdida de sus identidades originales (que perviven como lejanas brumas en los diferentes grupos sociales), y con una historia diseñada a medida de la necesidad de crear, artificialmente, una nueva identidad grupal, la Argentina navega a la deriva sin poder armonizar las pulsiones profundas de su pueblo.
Sin los acuerdos propios de lejanas historias compartidas, las actuaciones políticas y las actividades sociales se vuelven tramas de complicidades que esconden el juego de intereses que configuran la realidad, caso por caso.
Las estructuras institucionales y sus cuerpos jurídicos se tornan escenarios superficiales, en los que los funcionarios desdoblan su actividad entre los roles de aparentes cumplidores de las normas y los de ejecutores de sus intereses privados, alejados de toda legalidad.
En esa situación, el manejo de la población se realiza a partir de la creación renovada de epopeyas públicas, que encubren las tramas de oscuras complicidades en las que se funda la gestión del poder del Estado.
El ejercicio del poder político se torna en una obra teatral en la que nadie cree, a pesar de que, a su modo, todos siguen el libreto.
Mientras las personas, individualmente, se sumergen en una confusión sin parámetros, en la que priman las pulsiones por sobrevivir del modo que cada uno encuentra a la mano.
En ese contexto no hay posibilidad de proyecciones estratégicas, ni de diseño de marcos globales de interpretación verosímiles.
La racionalidad se nos escapa, como el agua entre los dedos, mientras se impone la creencia compulsiva como último refugio para evitar caer en la psicosis social.
Resulta ilustrativo el artículo publicado por Moisés Naím en el diario El País, referido a los Estados mafiosos: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/05/05/actualidad/1336245036_975620.html
Ante este panorama, ¿con qué elementos habremos de Inventar el Futuro?
Hasta la próxima...

domingo, marzo 04, 2012

Islas Malvinas. La exacerbación de una causa nacional

Desde siempre el vínculo de un pueblo con su territorio ha sido una relación dinámica determinada por factores geográficos, ambientales, históricos, culturales, demográficos, económicos, estratégicos, políticos, etc.

Con mayor o menor velocidad las fronteras cambian, siempre.

Cuando la Argentina declaró su independencia en 1816 el territorio nacional se limitaba a una franja que corría de este a oeste y abarcaba sólo a las provincias centrales. Ni el norte ni la patagonia eran parte del territorio patrio original.

Luego, diversos gobiernos centrales fueron tomando medidas políticas y militares para ampliar aquel espacio, hasta definir el territorio de la Argentina de hoy.

Y, obviamente, lo que la Argentina ganó en extensión es equivalente a lo que otros perdieron.

Quiero decir que en esto no hay valores absolutos, ni el derecho a un territorio es inherente a ninguna inviolable ley divina.

El siglo XX fue pródigo en cambios y modificaciones territoriales, en especial, luego de la conclusión de las muchas guerras que provocamos y sufrimos los humanos.

Pretendo enmarcar en ese contexto este análisis del conflicto que enfrenta a Argentina y a Gran Bretaña por la soberanía sobre las islas de Atlántico Sur, entre ellas, las Islas Malvinas, o Falkland para los lugareños y los ingleses.

Sin embargo, no es mi intención referirme a los derechos que pudieran argumentar a su favor unos y otros, sino a lo que se muestra como el evidente intento del gobierno argentino de exacerbar una causa nacional, para desviar la atención de los graves problemas internos que se avisoran en el horizonte político y económico local.

La estimulación del rencor en contra de Inglaterra por parte del gobierno nacional argentino no obedece a ningun "hecho nuevo", que pudiera haber modificado la situación que se arrastra desde hace muchos años entre ambos países.

El único "hecho nuevo" es interno, y se refiere a la cada vez más evidente imposibilidad de seguir sosteniendo una política económica basada en el subsidio y no en la producción.

El previsible fracaso de ese modelo de privilegios -casi feudales- es muy probable que conduzca a una situación social de mucha inestabilidad, que se intenta controlar desde ya, construyendo un espejismo distractivo que sirva para transferir el malestar hacia otros supuestos responsables.

Llama la atención el modo en el que se vuelve a tratar de reflotar la "causa Malvinas" ante la inminente crisis del actual modelo económico político, tratando de reproducir hoy el intento que realizara el gobierno militar en 1982, cuando se lanzó a la aventura de recuperarlas militarmente, para encubrir la incapacidad que lo embargaba entonces.

No ponemos en duda los derechos argentinos sobre las islas, pero, no nos dejemos engañar otra vez.

Separemos la histórica reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas de los ocasionales intentos de manipulación de sectores del poder, que pretenden esconder tras ella su previsible fracaso.

Hasta la próxima.

miércoles, febrero 15, 2012

Argentina. Fueron las papeleras, hoy es la megaminería

Cuando se mira a la Argentina desde el exterior, se ve a un país poblado de personas amables, inteligentes y cordiales, pero con una increíble inclinación para generar fantasías sociales, en las que depositan su fe de modo compulsivo, más allá de toda racionalidad.

El conflicto que los argentinos plantearon al Uruguay, hace algunos años, por la instalación de una pastera en la localidad de Fray Bentos, que tenía (tiene) una tecnología infinitamente más moderna y menos contaminante que las decenas de pasteras argentinas, que siguen deteriorando grave y alegremente a lo largo y ancho del país (con consecuencias gravísimas para ecosistemas propios y compartidos, como la del Alto Paraná en relación a Paraguay), parecen el antecedente psicopático de la batalla que hoy algunos emprenden en contra de la megaminería.

Combatir en forma genérica la megaminería, no es demasiado diferente a combatir en forma genérica a la matemática o a la astronomía.

La minería es la actividad más antigua de los antecesores de los seres humanos, ya que tiene casi cuatro millones de años de antiguedad y es la base de la cultura, que para su desarrollo y en los componentes que utiliza, depende absolutamente de ella.
¿Como podríamos tener cuchillos y tenedores, llaves, relojes, anteojos, bicicletas, autos, aviones, teléfonos y computadoras, y cuanto otro objeto se nos ocurra, sin minería?

Por su parte, que se trate minería de superficie o de profundidad, y que su carácter sea "macro", o "micro", no depende -en la mayoría de los casos- de cuestiones políticas, sino técnicas y de localización, y de tipo y ley del mineral.

Por supuesto que eso no justifica que todas las explotaciones se puedan llevar adelante en cualquier lugar y a cualquier costo. Porque aun reconociendo que todas las actividades humanas transforman (y como tal, deterioran) en mayor o en menor grado el ambiente, debemos tener en cuenta que para regular las explotaciones, existen herramientas técnicas y de gestión que es necesario aplicar en cada caso concreto, autorizando o negando la posibilidad de realizar la explotación, luego de evaluadas las variables inherentes a cada situación puntual.

Lo preocupante es que, como en el relato de los molinos de viento de Don Quijote, una parte del pueblo argentino -junto a muchos de sus dirigentes- parece tener una especial tendencia a mitificar, generando enemigos en contra de los cuales lanzarse y batirse, aún en oposición a toda razón.

Pero esto no es todo.

Cuidado!

Estamos empezando a hacer lo mismo con la reivindicación respecto a las Islas Malvinas..., pero eso será motivo de otro post.

Hasta la Próxima.

viernes, enero 20, 2012

Megaupload: la brutalidad del autoritarismo

El cierre intespestivo del sitio web de alojamiento de archivos "Megaupload", muestra los niveles de brutalidad a que puede llegar el poder, cuando carece de escrúpulos y de sentido común.
Más allá del juicio que pudieran merecer los infractores de copyright, miles de personas guardaban allí sus archivos personales, que les han sido arrebatados en forma brutal e imprevista.
Investigaciones, textos varios, películas y fotos personales, de propiedad legítima y personal del titular de cada cuenta, han desaparecido sin posibilidades de ser recuperados.
El poder de un sector de intereses, asociado a la banalidad política, tiene riesgozas consecuencias.
Pero hay algo más, esto muestra que los Estados Unidos, al tiempo que se está debilitando, está empezando a albergar conductas cada vez más peligrosas....
Esto va a obligar a replantearse muchas políticas respecto del uso de Internet..., y de varios otros aspectos de la realidad social...
Levantemos la voz, en defensa de nosotros mismos...!!!

lunes, diciembre 26, 2011

2011: Año para el recuerdo

Al filo de la terminación del 2011, nos distendemos, y nos tomamos un momento para reconocer y evaluar los sucesos que lo han marcado.

Las primaveras árabes (que poco de primaveral han tenido para sus miles de muertos) y la crisis financiera de los países centrales (en especial de la Unión Europea) parecen haber sido las evidencias más notables de un cambio global, que no por intuído deja de sorprendernos.
Esos dos órdenes de organización, rígidos y estructurados, nos han mostrado, una vez más, que la organización humana no puede escapar del fluir incesante que la modela, más allá de las intenciones de las fuerzas que operan en ella.

Y repiten la evidencia de que, la solidéz aparente de las estructuras que las configuran, se desvanece ante el fluir de la historia.

Un terremoto estremece a la cultura occidental y sus certezas caen sin misericordia.

Pero, al mismo tiempo, la recuperación del pensamiento autorreflexivo reafirma una incuestionable fe en el futuro.

Pues, si bien es probable que nunca antes de ahora los seres humanos se hayan enfrentado a problemas de la dimensión de los actuales, el desarrollo de las capacidades de aprehensión, compresión y gestión que hoy se abren, nunca han sido tan grandes.

El Siglo XIX fué el siglo del reconocimiento de las fisuras que tenía nuestro modelo de mundo, lo que nos llenó de preguntas y de dudas; El Siglo XX descubrió las posibles respuestas, esbozó los caminos y se atrevió a enunciar de modo explícito la "complejidad" del mundo; mientras que el Siglo XXI parece ir transformádose en el siglo de la producción de un renovado orden de organización de las miradas y de la acción.

El futuro ya está aquí.

Y, a pesar de lo que por momentos parece, lo estamos construyendo bien.
Estamos fortaleciendo nuestra capacidad de comprender de un modo integrado los sucesos aparentemente aislados, y estamos desarrollando metodologías para abordar los objetos de estudio sin desarticularlos de los contextos que los configuran.

De algún modo, este es el futuro que hemos inventado. Está muy lejos de estar terminado, pero los comienzos están consolidados.

Un abrazo y mis mejores deseos para todos.

domingo, abril 03, 2011

Claves del desencuentro

Frustración y futuro.

Representación de un mañana armonioso y posible.
Objetivos, programas y estrategias.

Describimos el hoy y enunciamos el mañana.
Pero, entre el hoy y el mañana, ¿que...?

Poco a poco, todos los aspectos del mundo se han integrado en forma global, algo que nuestros métodos de conocimiento no son capaces de reconocer en sus marcos operativos.

La ciencia, nuestra ciencia, fracciona, separa, categoriza, discrimina y clasifica...
Nada en ella está capacitada para vérselas con objetos integrales, en los que están ausentes los límites que permiten la acción en los laboratorios.

Entretanto, lo integral, lo completo, siempre estuvo reservado a lo religioso o a lo místico....

¿Existe entre ambos algún espacio que integre a la ciencia, sin por ello tener que llegar al sincretismo mágico?

La no-linealidad, la autoorganización, la sinergia, los sistemas complejos ofrecen alternativas posibles.

¿Como hacemos para construir ese espacio teórico, sin caer en la validación de las intuiciones vulgares?

Esa es nuestra búsqueda y también nuestra clave...

Hasta la próxima...

lunes, febrero 28, 2011

Objetivos y estrategias

No diremos nada nuevo si repetimos que "nunca hay buenos vientos para el navegante que no sabe adonde va".

Sin embargo, no parece ocioso repetirlo, cuando hablamos de construir un futuro nos referimos a la necesidad de configurar una proyección que nos permita armonizar la vida las personas con la satisfacción sustentable de sus necesidades, sumado al fortalecimiento de los procedimientos que den a todos acceso a medios que permitan su perfeccionamiento individual y al crecimiento de su propia conciencia.

Para madurar nuestra propuesta y mejorar nuestro propio conocimiento al respecto, estimulamos el reconocimiento de la "complejidad", como objeto de estudio, algo que supuestamente debería permitirnos tanto abordar como gestionar mejor aquellas variables del presente que necesitamos modular para acercarnos al mejor futuro posible.

Pero, ¿como hacemos para que esto no se transforme en otra forma de mito, o en otra idea vacía de contenidos concretos, que sólo sea útil para inflamar al corazón?

En la gestión empresaria se habla de "visión", "misión" y "objetivos".

En la "visión" cabe la mirada mítica e inflamada; la aspiración global...

En la "misión" se define el rol que espera desempeñar la organización en el logro del mundo descripto en la "visión".

Y en los "objetivos" se establecen los logros alcanzables, para los cuales han de definirse estrategias y tácticas.

"Inventar el Futuro" es una parte de la "visión", que debe -necesariamente- ser determinada en sus contenidos, porque ¿que clase de futuro queremos inventar?

A partir de allí, ¿que rol nos asignamos?

Y definido ese rol, ¿cuales serán nuestros objetivos?

Más tarde, deberíamos definir las estrategias... y las tácticas...

¡Que larga tarea....!

Por el momento, y desde hace más de dos años, venimos trabajando en el desarrollo de un proyecto de investigación al que llamamos "Complejidad y Ciencias"...

Volveremos sobre esto...

domingo, enero 16, 2011

Pensamiento autorreflexivo para trascender el fundamentismo mítico

Decíamos en una entrada anterior que creíamos necesario hacernos cargo de nuestra responsabilidad en la reconstrucción de los perfiles de nuestro mundo actual.

Esto tiene sus razones poderosas.

En la medida en que se ha ido agotando el modelo mecanicista y reduccionista aplicado a la comprensión de nuestro mundo, simultaneamente, se ha ido fortaleciendo la alternativa más primitiva que los hombres tenemos a mano para dar sentido a nuestra presencia y a nuestra percepción de lo que nos rodea: el mito.

La elaboración del mito (incluyendo la forma que asume en las religiones), y a partir de él la construcción de la propia identidad, ha sido el recurso ancestral que permitió la configuración de la cultura humana.

Pero esa identidad, construída y arropada por los marcos míticos, no puede escapar, por si misma, a un fundamentalismo que le resulta fundante.

Tal situación siempre constituyó la base a partir de la cual debimos elaborar el pensamiento autorreflexivo, característica de la condición humana.

En cada momento histórico en los que se produjeron crisis globales en la visión del mundo, la autorreflexión fue la otra alternativa, superadora, que aportó los componentes necesarios para resolverlas, proyectando a la humanidad hacia nuevos horizontes, cada vez más humanos.

Hoy estamos en una situación equivalente y depende de nuestra capacidad que podamos resolver acertadamente los problemas que genera nuestro modo de estar en el mundo.

Lo notable es que, cuando se lo analiza, advertimos que los seres humanos, hoy, tenemos todos los elementos necesarios para elaborar ese nuevo modelo del universo que necesitamos para afirmar una presencia armónica con todos los aspectos de nuestro mundo.

Sólo nos falta organizar adecuadamente los componentes teóricos que nuestra comprensión ya ha descubierto -o ha creado-, para posicionarnos en un lugar de poder que nos permita volver a ser dueños de un destino que por momentos, se nos muestra ajeno.

Ese es el desafío en el que estamos trabajando y que hoy ocupa todos nuestros esfuerzos.

Seguiremos sobre esto.

Hasta la próxima.

domingo, mayo 16, 2010

Para construir un mañana

Creo que debemos empezar a aceptarlo.
Se han desintegrado en nosotros las imágenes con las que nos representábamos el futuro al que creíamos dirigirnos, sin que consigamos construir alternativas para ellas.
Es cada vez más obvio que ni el mundo -en general-, ni sus dirigentes -en particular-, saben hacia donde nos dirigimos.
Hemos perdido la meta y ningún mapa nos resulta útil cuando no sabemos a donde ir.
No hay vientos favorables para el navegante extraviado.
La consecuencia ineludible parece ser el fortalecimiento de las representaciones primitivas y de los saberes vulgares, con los que las culturas estructuraron sus relaciones con el mundo que les rodeaba.
El conocimiento vulgar, de orden eminentemente práctico, basado en la aparente evidencia de los sentidos, y de la inferencia inmediata que parece proporcionar la experiencia personal carece de razones, salvo las de la fé.
Lo que parece evidente a la percepción y al conocimiento doméstico se impone con la fuerza de lo irrefutable.
Si todos vemos que el Sol sale por el este y se pone por el oeste, y, además, todos sentimos que la Tierra no se mueve, ¿quien puede ser el delirante que lo niegue?.
¿Que clase de locura o de posesión demoníaca puede afectar a quien sostenga que la Tierra se mueve y que, además, gira alrededor del Sol?
Siglos de conocimientos hicieron falta para que los humanos aceptáramos que el cosmos tiene un orden que contradice la evidencia diaria.
E hicieron falta sólidos métodos de investigación y de argumentación rigurosa para que el saber se impusiera sobre la intuición vulgar.
Eso lo afirmaron Newton y Descartes, entre otros, que propusieron las bases del pensamiento que determinaría el mundo que hoy vivimos.
Pero hoy, ese pensamiento no alcanza.
La complejidad de la realidad ha superado la capacidad explicativa de ese modo de pensar, y, despojados de tal herramienta de comprensión, las personas volvemos a cobijarnos en el cálido mundo del mito, que en pocos trazos nos da razón del universo.
Asi, los fundamentalismos renacen y los principismos vuelven a imponerse, se trate de lo religioso, de lo social o de lo político.
Los modelos de futuro construidos a partir de esas miradas se transforman en caricaturas del miedo.
Sin embargo, hoy el "conocimiento" está en condiciones de comprender y de interpretar el actual punto de ruptura de la cultura a escala global.
Los que hoy tratamos de "saber" estamos en condiciones de hacer fascinantes aportes a nuevos modelos de mundo.
Sólo es necesario asumir que lo estamos, y, en consecuencia, decidirnos a dar pasos activos que nos acerquen a constuir una imagen posible del futuro luminoso que queremos.
Una imagen que sirva de guía confiable en esta etapa crucial de la vida y de la cultura del planeta.

domingo, noviembre 16, 2008

Crisis económica y "sistema" mundial.

Lo que empezó en Estados Unidos como una crisis de las hipotecas “subprime”, devenida, poco después en crisis del sistema financiero global, y transformada finalmente en crisis económica y productiva planetaria, muestra, a las claras, que hay algo en el diseño del "modelo" económico que está desajustado respecto a la “realidad”que explica y regula.

Hace un tiempo, en esta misma página, hablábamos del debilitamiento del modelo capitalista anglosajón y del probable fortalecimiento del modelo capitalista renano.

Sin embargo, es probable que el problema vaya más allá de esa somera explicación y esté abarcando a las profundas miradas de mundo que proyecta la cultura occidental.

El progreso económico y científico, construido, aproximadamente, a partir del renacimiento, basado en la demitificación cultural, la acumulación individual de capital, el liberalismo político, el causalismo lineal y el mecanicismo newtoniano (por señalar los principales perfiles, a sabiendas que pertenecen a niveles de realidad diferentes), parecen ser parte de un modelo en profunda crisis, que va mucho más allá de los visibles desajustes sectoriales.

Todos los economistas estudian -y olvidan- que sus explicaciones responden a “modelos” específicos.

Y, como todos sabemos, los modelos son herramientas que ayudan mientras no se confíe demasiado en ellos, porque sólo muestran lo que aquellos que los configuraron consideraron relevante, omitiendo todo lo que “parecía” de importancia menor, o que en su momento era ignorado.

Nadie en su sano juicio confiaría su vida a los resultados del estudio de un modelo que lo involucre.

Sin embargo, los economistas lo hacen.

Y juegan su vida y la de los demás, a las resultas de complicados tramados de supuestos, que la realidad se encarga de desmentir, una y otra vez.

Por eso, este parece ser un momento oportuno para la reflexión.

Un tiempo para escucharnos los unos a los otros, y para revisar los modelos que subyacen a semejante desajuste global.

Una circunstancia en la que resulta oportuno pasar revista a las propuestas que analizan la realidad desde la mirada de los “sistemas complejos”.

En ese escenario, muy trabajado ya en temas de medioambiente, pueden estar las claves para re elaborar los nuevos modelos que motoricen la actual transición hasta otro orden global de relaciones entre los Estados, y entre éstos, sus propios pueblos y su entorno natural.

Me atrevo a sospechar que la crisis económica, no es la crisis de un “modelo económico”, sino la de un "modelo cultural", que si bien ha realizado indudables aportes a los seres humanos durante los últimos 500 años, está mostrando que debe dar lugar a otro modo de comprender y de explicar el mundo.

El desarrollo del “pensamiento complejo”, de explicaciones basadas en “sistemas complejos”, del reconocimiento de otros modos de causalidad e inferencia, están ya -luego de más de 100 años de elaboración de sus principios-, suficientemente maduros, como para ocupar un lugar prioritario entre las herramientas de abordaje a que se acuda para la gestión del cambio.

Un cambio que el ambiente social y natural del mundo entero espera y reclama.

Y que, más allá de toda retórica, resulta hoy indispensable producir.

miércoles, noviembre 05, 2008

¿Extraña coincidencia, o poderosa tradición?

Si revisas el mapa que grafica los resultados de la elección presidencial norteamericana en la que ha resultado elegido Barack Obama, verás hasta que punto se parece a los que describían la división del territorio de los Estados Unidos al tiempo de la guerra civil.

¡ Curiosa coincidencia !

Welcome Back, America.

domingo, octubre 19, 2008

1- Jode a tu compañero

Esta película -La Trampa. Qué pasó con nuestros sueños de libertad-, que puedes ver completa si miras las tres últimas entradas, muestra como diferentes concepciones sobre "la libertad", han determinado los sucesos históricos a lo largo de la historia, y explica muchos eventos actuales de la política el mundo, e incluso, indirectamente, ilustra sobre la crisis financiera global.

Aunque no se comparta el punto de vista, resulta un poderoso estímulo para la reflexión.

Director: Adam Curtis
Idioma: inglés/subtítulos español-italiano
Duración: 59 min
Año: 2007, Primera parte del documental The Trap: What happened to our dreams of freedom

2- El robot solitario

Director: Adam Curtis
Idioma: inglés/subtítulos español-italiano
Duración: 58 min
Año: 2007, Segunda parte del documental The Trap: What happened to our dreams of freedom

3- Te forzaremos a ser libre

Director: Adam Curtis
Idioma: inglés/subtítulos español-italiano
Duración: 58 min
Año: 2007, Tercer parte del documental The Trap: What happened to our dreams of freedom

jueves, octubre 09, 2008

Hoy, la crisis financiera. Ayer, el Muro de Berlín.

La crisis financiera que desde EEUU se expande hoy por el mundo, puede llegar a ser para el capitalismo anglosajón, lo que fue la caída del muro de Berlín para la Unión soviética, en noviembre de 1989.

“Die Wende”, como la recuerdan los alemanes, significa “el cambio”, la misma expresión con la que, dentro de un tiempo recordaremos los sucesos del año 2008, en el marco de los nuevos escenarios que habrán de sustituir, necesariamente, a los que actualmente han mostrado su fracaso.

Es curioso ver como, en el brevísimo lapso de menos de dos décadas, dos regímenes enfrentados, que confrontaban por la aplicación principista de diferentes modelos, colapsan por debilidades propias e inherentes a cada uno de ellos.

La Unión Soviética colapsó por la imposibilidad práctica de encontrar, a escala doméstica, el hombre solidario y cooperativo que el sistema comunista presumía que existía en cada trabajador.

La estupidez y la codicia del hombre común y de sus líderes, fueron factores que corroyeron los cimientos de la estructura comunista. Y esas características negativas no pudieron ser superadas, a pesar de los esfuerzos realizados en ese sentido por la “dictadura del proletariado”, que, supuestamente, debió haber transformado la sociedad, por la intervención constructiva de las masas obreras y campesinas.

Estupidez y codicia, que se repitieron en el modelo capitalista anglosajón, que, sometido a un corporativismo ciego, necesitó incrementar infinitamente sus ganancias, provocando lo que finalmente sucedió, el desplome del sistema.

La caída del comunismo soviético incidió en el desarrollo posterior de todo el mundo; tanto como sobre la evolución del sobreviviente comunismo chino, que, aún desde el férreo control estatal, fue incorporando muchos elementos del modelo capitalista, aproximándose cada vez más a una economía de mercado de matriz occidental.

Entretanto, la implosión del capitalismo anglosajón, parece estar demoliendo al fundamentalismo de mercado, en un proceso que parece análogo al que precedió a la caída del muro de Berlín.

¿Va a morir el capitalismo, contracara económica del liberalismo político?

No, pero, del mismo modo que no murió el comunismo luego de la desintegración de la Unión Soviética, es probable que en el futuro, el capitalismo evolucione hacia el fortalecimiento del modelo “renano”, equivalente, en líneas generales, a las propuestas de la social democracia europea.

Curiosa coincidencia histórica, la de orientarse, todos los actores, a modos mixtos de libertad y control, que aún conservando profundas diferencias liberan ciertas escalas del mercado, mientras fortalecen los mecanismos de planificación y supervisión controlada.

Por diferentes vías, los fracasos de comunistas extremos y de capitalistas extremos, parecen acercarse a un modelo futuro de gestión de la producción, que va a hacer cada vez más posible la articulación de políticas globales a escalas de gobiernos, de cierta clase de corporaciones y de otros actores sociales.

Entretanto, es probable que el orden que se avizora, también permita la internalización efectiva de los costos ambientales y sociales, que hoy se argumentan, pero que no aplican, porque, en muchos casos, la feroz competencia no lo admite.

Y es probable también que ese nuevo orden, reconozca un lugar más relevante a los ciudadanos de a pié.

Si esto sucediera de ese modo, estaríamos dando un paso gigantesco hacia un mundo mejor, para nosotros y para todas las generaciones que habrán de seguirnos.

miércoles, octubre 01, 2008

Crisis financiera y gestión ambiental

Sorprendidos y azorados frente a la implosión del sistema financiero internacional, nos preguntamos sobre sus posibles consecuencias sobre la gestión ambiental y el desarrollo local sustentable.

Más allá de que es necesario esperar a que se “aquieten las aguas” para hacer una evaluación más consistente, hay algunas cosas sobre las que pareciera posible anticipar algunos criterios.

Recordemos en primer lugar, que dentro del capitalismo actual, coexisten y compiten dos modelos, que, sin descreer de los principios básicos liberales, articulan de diferentes modos los componentes del sistema.

El que a nosotros nos resulta más familiar es el capitalismo “anglosajón”, que intenta optimizar sus resultados económicos en el corto plazo, confiando, básicamente, en el mercado, reduciendo la planificación y la intervención estatal a escalas mínimas.

Mientras que, con un nombre menos repetido, el capitalismo “renano”, busca la optimización de sus resultados en el mediano y largo plazo, para lo cual se valorizan la planificación y el control, se estimula la internalización de costos sociales y ambientales y se restringe la primacía del mercado.

Se trata de matices, pero de matices muy importantes en lo referido a la libertad de mercados, a la intervención estatal y a la planificación económica general.

Por su parte, y haciendo una gran generalización, dentro del marco del capitalismo anglosajón se prioriza, en los hechos, el rol de las corporaciones, mientras que dentro del contexto del renano, el Estado conserva su rol prioritario

En la salvaje competencia económica, el capitalismo anglosajón se impone, con bastante facilidad, al capitalismo renano en el corto plazo, porque el primero externaliza costos sociales y ambientales; mientras que el segundo los internaliza, complejizando la gestión productiva e incrementado precios finales, si bien, éste se muestra mucho más consistente en optimizar la gestión en el largo plazo.

Sin embargo, el capitalismo anglosajón, aparentemente imbatible, respecto al modelo renamo o a los planteos sociales, ha mostrado, para sorpresa de muchos, su extrema debilidad “frente a si mismo”.

La ficción respecto a la capacidad autoregulatoria del mercado, ha exhibido su evidente inconsistencia, y la fantasía de que la externalización de costos ambientales y sociales mejora el desempeño, ha llegado a su fin abruptamente.

Por otra parte, si bien los sucesos se explicaron, originalmente, como una crisis de parte del sistema financiero mundial, su evolución ha puesto en evidencia que lo que esté en juego es mucho más que eso, porque las intervinculaciones en un sistema globalizado, hacen prácticamente imposible que la disfunción de un sector, no produzca efectos en todo el sistema, aunque los mismos sean de diferente carácter que el original.

Además, en cuanto los aspectos monetarios y financieros de la economía no son ni más ni menos que fe social (traducida en los discursos como “confianza”), destruida la fe, se derrumba la estructura que la soporta dándole sentido.

(Sin perjuicio de que el caos resultante, puede beneficiar, en el mediano plazo, a los actores más fuertes del sector corporativo, que verán incrementado su poder económico y de gestión, al tiempo que también puede llegar a cambiar el orden político internacional y de relaciones entre los Estados porque no debemos olvidar que, más allá del orden de intercambios comerciales, China es el principal acreedor de los Estados Unidos y el debilitamiento económico de USA, puede desequilibrar los respaldos de la estructura productiva china.)

¿Qué puede pasar?

En medio de la crisis es difícil proyectarse sobre sus posibles resultados, pero desde la mirada ambiental y del desarrollo, podemos atisbar algunas consecuencias:

La primera es que es posible que, en la economía real, haya un debilitamiento de los volúmenes de producción, lo que puede incidir positivamene en el ambiente, por una menor presión sobre los sistemas naturales.

Sin embargo, en segundo lugar, la retracción en la demanda global de bienes y servicios, en lo inmediato, va a presionar los precios a la baja en los mercados, entorpeciendo la internalización de costos ambientales y sociales por parte de los actores insertos en el mercado global, sin perjuicio de que en el mediano y largo plazo, el fortalecimiento del capitalismo renano pueda llegar a revertir la situación.

En tercer lugar, el debilitamiento de las estructuras globalizadas, va a estimular los procesos de autodesarrollo -entendidos como aquellos que se producen mediante la afirmación de procesos de satisfacción de necesidades locales, en el marco de los recursos propios, mediante el uso de tecnologías intermedias-, usualmente más armónicos con los ciclos naturales.

La síntesis, es que la crisis del mercado financiero, devenida en crisis del capitalismo anglosajón, va a cambiar los posibles perfiles de la gestión ambiental y del desarrollo local, generando nuevas posibilidades y nuevos riesgos, que habrá que asumir para aspirar a una administración inteligente de ambos.

Esto exige un cambio en el punto de vista de los líderes, que habrán de fortalecer el principio de “hacer lo que se puede, con lo que se tiene”, validando las capacidades de cada comunidad para proveer por si misma a la satisfacción de sus necesidades básicas, estimulando el “empoderamiento” de sus miembros y dejando de lado la espera de ayudas, por parte de quienes ya no podrán darlas.

Y, sin dudas, va a ser necesario generar nuevas redes de cooperación, afirmando conductas solidarias, para que cada sociedad sea capaz de contener y transformar creativamente a las personas que se verán afectadas por los cambios.

sábado, agosto 30, 2008

"La máquina de Dios"

El 10 de setiembre próximo, los seres humanos pondremos en funcionamiento, en Suiza, lo que ha dado en llamarse "la máquina de Dios".

Ese día, en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), en los Alpes, a cuarenta metros de profundidad, comenzará un experimento inédito que buscará recrear las condiciones del Bing Bang, que dió comienzo al universo.

Uno de los objetivos es producir mini "agujeros negros", fenómenos espaciales que consisten en unidades cósmicas similares a planetas o estrellas, pero tan masivos que ni siquiera la luz puede escapar de ellos.
En el espacio de metros cúbicos pueden contener galaxias enteras, comprimidas la límite de la materia, con tal grado de atracción gravitatoria que degluten todo lo que hay a su alrededor, sin que nada pueda evitarlo.

Loa "agujeros negros" que se espera se produzcan en el CERN, tendrán una vida de brevísima, tiempo después del cual se espera que se evaporen.

Hasta allí todo bien.
Sin embargo, existe la posibilidad de que alguno de esos micro agujeros no se evapore y consolide una vida estable.
En este caso la Tierra entera estará destinada a ser engullida por él, porque no hay manera de destruirlo.
Si bien las posibilidades de que esto suceda son escasísimas, no son inexistentes (ver).

Y en el caso de suceder, pueden pasar dos cosas, de acuerdo a la velocidad del proceso de absorción del planeta por parte del mini agujero.
Un grupo de científicos, sostiene que de materializarse esta posibilidad, el proceso sería muy lento, lo que le permitiría al hombre tomar algún tipo de precaución.
Pero otros sostienen que la deglusión total del planeta podría concretarse en no más 50 meses....

¡¡¡¡ Y todo esto lo van a averiguar después de que el experimento ya esté en marcha...!!!!.

En el peor de los escenarios, en 10 días habremos iniciado la cuenta atras hacia el final de nuestro mundo.

Te confieso que me preocupa, y me digo: ¿que haré, si esto se concreta?

¿Sabes que?, voy a reiterar mi afecto y mi amor a todos lo que quiero.
Voy a pedir disculpas por todas mis necedades, y voy a pedir perdón y perdonar a los demás y a mismo, por todos los actos de error, de falsedad, de hipocrecía, de ineptitud, de aprovechamiento, de ofensa, o de dolor, que cada uno pudiera haber producido.

Voy a contemplar las salidas y las puestas de sol que desaparecerán, recordando el poema "Vendrán lluvias suaves", que transcribe Ray Bradbury (creo que) en las Doradas Manzanas al Sol....(¿o era en Crónicas Marcianas...?)

¡¡¡ Y voy a ser feliz de haber vivido !!!

Pienso en un poema de Jorge Luis Borges, "Las causas", que transcribe en Historia de la noche:

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adan. El ordenado paraiso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El exámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas. Los fastos. Las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el ágebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejercitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del caleidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

Si ese hipotético micro agujero negro se engullera a la tierra en los próximos 50 meses, sería como volver atras en todo ese tiempo que describe Borges.
Pero lo fantástico de todo eso, es que la sonrisa todavía tendría sentido.

martes, agosto 05, 2008

Una historia de las cosas..., que olvida la historia de la cultura

Un video interesante que divide a la sociedad -a nuestro criterio, incorrectamente- en víctimas y victimarios; además de omitir el hecho de que la sociedad que hoy vivimos es consecuencia de milenios de relaciones y desarrollos culturales.
Si hoy se detuviera toda esa inmensa maquinaria industrial, las personas (en especial la de las ciudades) no sabrían que hacer, pudiendo generarse situaciones dramáticas.
Para los que vivimos en Argentina, nos basta ver el caos que se produce cuando falta la electricidad un par de días, o la inactividad del sector agrario demora la llegada de bienes de consumo a las góndolas de los supermercados.
El desafio podría estar en modificar la sociedad que alimenta esa forma de producción industrial: ¿será posible?.
Nosotros, porque creemos en el futuro, preferimos concentrar nuestro esfuerzo en potenciar el desarrollo local, antes que desgastarnos en la lucha contra un orden de relaciones que, en parte, es provocado por nosotros mismos.

miércoles, julio 02, 2008

La mirada luminosa

A pesar de que no nos une ninguna relación con REPSOL YPF, y que pudieramos tener algún conflicto de derechos por el uso de la frase "Inventemos el Futuro", registrada por nosotros hace varios años, como dominio ".com" y como nombre de programa en la radiodifusión argentina, nos parece tan bella y potente la publicidad que han realizado, que nos permitimos repetirla en nuestro sitio, porque más allá del aspecto empresario, expresa exactamente el espíritu con el que encaramos toda nuestra gestión personal y grupal.

La mirada oscura

No todos están de acuerdo con la mirada positiva y potente que presenta el comercial de REPSOL YPF, "Inventemos el Futuro", y replican con otra visión de horror.
Pero no nos olvidemos que todos los seres y las cosas tienen siempre y simultáneamente diferentes aspectos, oscuros y luminosos.
Este video presenta la visión oscura.
Pero nosotros, sin negar lo negativo, preferimos adherir a la mirada que llena los ojos de horizontes y el corazón de esperanzas.

jueves, marzo 06, 2008

Argentina.
Energía, medio ambiente y territorio.

Acostumbrados a ser oyentes de un discurso ambiental naturalista, solemos ignorar que los procesos ambientales suceden integrados con los desarrollos tecnológicos, configurantes del entramado de nuestra cultura.

A su vez, todos los sucesos naturales, y por ende, los sucesos humanos, se producen asentados en territorios definidos.

La energía, base primaria de nuestras vidas y de nuestra actividad productiva, no es ajena a ello.

Así, medio ambiente, energía, tecnología y territorio, constituyen aspectos inseparables, que se interdefinen y se reformulan una y otra vez.

Por eso, la crisis energética por la que atravesamos se proyecta sobre todos esos aspectos, por lo que el modo correcto de buscar alternativas de solución, es analizando su inscripción en ese marco complejo.

Hasta ahora, al menos por lo que podemos deducir de las escasas manifestaciones públicas realizadas por nuestras autoridades, las posibles soluciones que se buscan para satisfacer la carencia local de energía, giran alrededor del análisis de dos aspectos funcionales, producir más y consumir menos, descuidando la opción estructural de administrar mejor la energía que producimos, relacionándola con la posible aplicación de otras tecnologías y con la gestión de la distribución territorial de los consumos.

Por su parte, este análisis territorial que aconseja toda buena mirada política, puede ofrecernos inesperadas y sorprendentes soluciones en campos aparentemente ajenos al tema, en la medida en que pueden definir otra concepción geopolítica y ser motivo una amplia planificación estratégica que llegue a cambiar la estructura social y productiva argentina.

Si hacemos una análisis de la ubicación de las principales fuentes de producción de energía que no dependen de la disponibilidad de combustibles fósiles, veremos que las mismas están ubicadas en zonas muy específicas: en la zona cordillerana, el norte del país y en la patagonia.

Para acercar la energía producida en esas zonas a los centros industriales del cinturón porteño, se requiere de miles de kilómetros de tendidos eléctricos de alta tensión, que por la resistencia y el calor que naturalmente generan, producen una pérdida de casi el 30 por ciento de la energía total.

Frente a ello existe una solución técnica de muy alto costo, como sería la de hacer las trasmisiones de energía con sistemas de corriente continua (en lugar de la alterna que hoy se usa), que bajaría la pérdida a menos del 1 por ciento, lo que, en abstracto, nos daría disponibilidad sobre el todo excedente.

Esto requiere de cálculos comparativos de disponibilidades e inversiones actuales y futuras, en relación a construir nuevas centrales o cambiar al sistema de transmisión, pero a largo plazo, teniendo en cuenta los problemas energéticos que se avecinan en el mundo, nos daría indudables ventajas, al agregar disponibilidad energética sin necesidad de aumentar la necesidad de fuentes de energía primaria.

Pero también, el sólo hecho de acercar físicamente los emprendimientos industriales a los centros de producción, nos reportaría una disponibilidad energética equivalente a varias centrales, sin necesidad de agregar un sólo kilovatio a la producción actual, si bien esto podría requerir de un replanteo del funcionamiento del sistema interconectado nacional.

De todos modos, vemos que, ir reorientando la radicación y reasentamiento de industrias hacia las zonas de mayor producción energética, podría, en el mediano plazo, mejorar notablemente la ecuación “producción - consumo” de energía, en un mundo en el que, como decíamos, la energía se va a ir transformando en un factor cada vez más crítico.

Avanzando en este análisis, nos encontramos frente a una situación absolutamente afortunada: dos de las principales zonas de producción de energía por fuentes naturales, el norte y la patagonia, se corresponden con los dos principales corredores bioceánicos, cuyo estudio y propuesta de concreción viene realizándose desde hace muchos años, y a los que se les han apostado grandes y sostenidos esfuerzos: los corredores “Porto Alegre – Antofagasta”, al norte (que ha merecido un muy reciente reclamo por parte de las provincias interesadas), y “Bahía Blanca – Concepción” al sur.

Ambos de gran valor estratégico tanto para el desarrollo de la macroregión, como de las economías locales que se verían fuertemente beneficiadas.

En los dos casos, se cuenta con infraestructura portuaria, caminera y ferroviaria, que sería necesario optimizar para materializar sistemas de transporte multimodal eficientes y efectivos, pero buena parte de esos recursos (al menos para hacer las inversiones básicas) podrían provenir de la postergación de obras de lujo (como la construcción del “tren bala” que unirá Buenos Aires con Rosario y Córdoba), y de apoyos y aportes de los países que se verían directamente beneficiados (como Brasil, Paraguay, Bolivia y Chile, en el norte; y Chile en el sur), y de todos los que pudieran obtener beneficios indirectos al facilitar sus sistemas de tráfico y transporte.

A su vez, se integrarían perfectamente con el diseño de las redes de grandes poliductos, que, desde Venezuela al sur, se proponen para toda América Latina.

Por su parte, que la radicación de industrias lejos de los puertos de Buenos Aires y Rosario, no obstaculiza su éxito, lo ejemplifican las estructuras industriales de Córdoba, Mendoza o San Luis (mencionadas sólo como ejemplo), y en especial esta última que, más allá de las simpatías o antipatías que genere su gobierno familiar, ha sabido llevar adelante un sólido plan de desarrollo sin siquiera contar con fuentes propias de energía.

Otro beneficio adicional, lo lograrían tanto la Ciudad como el gran Buenos Aires, al disminuir la presión territorial debida al crecimiento urbano e industrial, que plantean problemas que se acercan, cada vez más, a lo irresoluble.

Obviamente, llevar a la práctica una propuesta de este tipo, implica el replanteo de una política territorial implícita, que ubica a la Ciudad y al puerto de Buenos Aires como nodos de todo el desenvolvimiento de la vida de la República Argentina, determinando una reestructuración mucho más armónica y racional del territorio de todo el país.

El creciente problema de la energía, que en el momento actual y en nuestro país, puede deberse a la aplicación de malas políticas locales, se encuadra en las crecientes exigencias que plantean el progresivo agotamiento de los hidrocarburos, lo que en el mediano y largo plazo, puede llegar a condicionar el futuro de toda la cultura humana.

La intensión de este esbozo, propuesto desde la gestión del ambiente y del territorio, es sugerir otra perspectiva respecto al modo de abordar el problema energético, revisando tanto sus aspectos funcionales como los estructurales, para que se busque, junto a las soluciones de corto plazo, otras capaces de generar líneas estratégicas de largo alcance, destinadas a mejorar la calidad de vida de todos, además de mejorar nuestro esquema de inserción en el mundo.



domingo, febrero 03, 2008

Argentina.
Papeleras, minería y lámparas de bajo consumo.

Una repetida frase que expresa un principio de conducta habitual de los ciudadanos comunes respecto del medio ambiente, dice, en su versión original inglesa “not in my garden”, que traducido al español repite literalmente “no en mi jardín”.

Buena parte de los militantes anti papeleras uruguayas (que no las argentinas, que son tratadas en forma mucho más tolerante), se olvidaron de ENCE, cuando la empresa española decidió cambiar su ubicación.

En otras palabras, ese aparentemente nuevo principio, “not in my garden”, no es otra cosa que el viejo proverbio, repetido por las abuelas: “ojos que no ven, corazón que no siente”, lo que aplicado a lo que vamos a analizar, significa que sólo damos relevancia a lo que vemos.

Esto viene a cuento, porque el gobierno argentino, que tanto apoyo dio a la lucha de los vecinos de Gualeguaychú en contra de la contaminación potencialmente causada por las papeleras de Fray Bentos, ha decidido promover la distribución de varios millones de lamparas de bajo consumo para tratar de lograr el loable propósito de disminuir el consumo eléctrico y optimizar el sistema nacional de producción y uso de la energía.

Lo llamativo es que las lámparas de bajo consumo que se distribuirán tienen entre sus componentes gas de mercurio, un elemento que produce graves consecuencias sobre la naturaleza y la vida del hombre, y es, junto con el cianuro, uno de los componentes más peligrosos de otra actividad, la minera, también muy cuestionada últimamente en la Argentina.

Para conocer las consecuencias del mercurio sobre la vida de la naturaleza y del hombre, basta con revisar los estudios públicos de la USEPA (United States Environmental Protection Agency), que reduce cada vez más los rangos mínimos de tolerancia, por sus graves consecuencias sobre la salud.

El mercurio se incorpora a la vida de los seres vivos, por varias vías, pero la que ahora nos interesa es la que se produce por liberación de sus gases a la atmósfera, permitiendo la formación de metilmercurio, que según los expertos, es el complejo mercurial orgánico más común, que se forma cuando el mercurio elemental se libera al ambiente y se transforma a través de los procesos de metilación en complejos orgánicos.

Sus consecuencias dañinas sobre la vida humana son innumerables, entre las cuales se pueden describir, muy sucintamente, que es neurotóxico, que daña al sistema inmunológico, y en ciertos casos de intoxicación severa, puede llevar a la ceguera y al retardo mental.

Una de las vías más frecuentes de ingreso al organismo, es por respiración de sus gases, que es, exactamente, lo que contienen las lámparas de bajo consumo.

También los tubos fluorescentes contienen gases de mercurio, así como muchas de las lámparas que se usan en la iluminación de la vía pública, pero eso no quita, sino que agrega gravedad al problema.

En Argentina, se tiene escasísima conciencia de la gravedad de esta situación, por lo que no hay unidades de tratamiento de las lámparas agotadas, y de ese modo, vemos que, salvo escasas excepciones, se depositan junto a la basura común y hasta suelen ser destruidas por simple diversión.

Esto constituye todo un tema, que merece un tratamiento mucho más profundo que el que permiten estas pocas líneas.

Sin embargo, es mi intensión resaltar la paradoja de una política que estimula el cuestionamiento tanto a las pasteras extranjeras, como al uso de cianuro en las explotaciones mineras, mientras que estimula otros procesos de contaminación mucho más graves.

Lo notable, también, es que los posibles problemas de contaminación, tanto de las pasteras, como de la minería resultan, a la postre, problemas puntuales y localizados, mientras que la promoción al uso masivo de lámparas de bajo consumo, tiende a una contaminación masiva y generalizada de todos los centros urbanos del país.

Como este tema del contenido de gases de mercurio en estas particulares luminarias es conocido, ya se han realizado algunas aclaraciones (en forma silenciosa para no agitar el problema) respecto a que el nivel de los componentes tóxicos es muy bajo, y hasta en algunos casos, se compara, falazmente, la cantidad de mercurio de las lámparas con el contenido de mercurio de los termómetros.

En contra de ello, señalemos, que aún reconociendo que el contenido de mercurio de las lámparas es bajo, todavía no se conocen fehacientemente cuales son los umbrales de tolerancia, y que, como decíamos más arriba, las nuevas investigaciones hacen que la USEPA disminuya cada vez más los rangos de admisibilidad.

Por su parte, la comparación con los termómetros es falaz, porque si bien los porcentajes de contenido de mercurio son como se señala, la masividad del uso de unos y otros, y los indices de reposición son absolutamente diferentes.

De todas maneras, esta es una discusión técnica, que sólo abordo tangencialmente, porque lo que me interesa señalar es el diferente tratamiento que se da a similares problemas, motivados en conveniencias ocasionales.

Así, mientras la lucha en contra de las pasteras uruguayas y en contra de las multinacionales mineras, permiten la generación de “causas nacionales”, la introducción de las lámparas de bajo consumo, se presenta como una actividad patriótica y de solidaridad social.

En otras palabras, mientras en los casos de las pasteras y mineras extranjeras, la posible contaminación es resaltada más allá de toda lógica, en el caso de la indudable contaminación que producirán las lámpara de bajo consumo, se omite abiertamente.

Comparemos: por un lado, se acalla que las pasteras argentinas usan la peor tecnología y contaminan, silenciosamente, de modos alarmantes; en tanto respecto a la minería, se omite que toda nuestra estructura de bienes y servicios está basada en el uso de productos mineros.

Claro, la contaminación producida por los gases de mercurio, no se ve ni se percibe en forma inmediata, por lo que una y otra situación no incide del mismo modo en la población, que no se siente amenazada, por “lo que no ve”; y menos aun, cuando quien promueve ese cambio de “lamparitas”, es el mismo que, en otros aspectos, se presenta como paladín de un “cierto modelo” de conservación ambiental.

Y decimos de “cierto modelo” de conservación ambiental, porque lo que resulta cuestionable no es el reparto de las lamparitas, en si mismo, sino la manipulación irresponsable del discurso ambiental, y su sujeción a criterios políticos de coyuntura, en el marco de los cuales las reglas que se aplican en cada caso son diferentes, nacidas de necesidades políticas inmediatas y no de requerimientos ambientales.

Esa notable e irresoluble contradicción, muestra que el modelo que se está usando es superficial y parcialmente inadecuado.

Y, ¿cual es entonces el modelo adecuado para gestionar el “ambiente” sin las contradicciones señaladas?.

En primer lugar, debemos asumir que ciertos grados de transformación del ambiente, contaminación incluída, están íntimamente ligadas al modelo de desarrollo que caracteriza a nuestra cultura.

Por ello, planteos como el referido a la instalación de las papeleras uruguayas, al volverse absolutos, quedan fuera de la realidad.

Lo mismo pasa con el rechazo genérico a las actividades mineras, porque desde los orígenes de nuestras sociedades la minería estuvo tan integrada a la cultura que hasta dividimos las épocas históricas en “edad de piedra”, “edad de bronce”, o “edad de hierro”.

En segundo lugar, es necesario reconocer que una buena administración ambiental debe, necesariamente, contextualizar tanto en el espacio como en el tiempo; porque lo que puede ser intolerable en un momento y lugar, bien puede ser necesario en otros.

En cuanto a las lámparas de bajo consumo, el problema no es proponer su uso, ni repartirlas, sino omitir que su difusión masiva debe, necesariamente, ir acompañada de cuidadosas instrucciones y de la adopción de las previsiones necesarias para realizar su correcta disposición final.

Si comprendemos esto, veremos que no hay productos ni conductas que, en abstracto, sean amigables o enemigas del ambiente, y que, por tanto, la gestión de los problemas con incidencia ambiental no pueden depender del principio “not in my garden”, o dicho en criollo: “ojos que no ven, corazón que no siente”, lo que implica, limitarnos a sólo actuar aparatosamente sobre “lo que se ve”, manteniéndonos indiferentes, o “escondiendo bajo la alfombra” a todo “lo que no se ve”.

Y esta comprensión debería llevarnos a convencernos que las propuestas y programas de protección y gestión ambiental, deberán adecuarse a criterios específicos, ajustados, en cada caso, a cada lugar, a cada tiempo, y a la aplicación de procedimientos precisos.

Una buena gestión ambiental necesita de la articulación armoniosa de los conductas humanas y orientarse tanto a lo que se ve, como a lo subyacente.

Señalemos por último, que a lo largo del siglo XX se han ido elaborando las propuestas teóricas que permiten ese enfoque, a partir del reconocimiento de la “complejidad” como objeto de estudio, algo que deberá ser seriamente abordado por parte de los funcionarios y técnicos involucrados, que deben aprender a medir con la misma vara tanto a las conductas propias como a las ajenas.



lunes, enero 07, 2008

Medio ambiente: ¿un mito urbano?

Quienes trabajamos desde hace muchos años en temas relacionados con la protección ambiental, advertimos las formas que ha ido asumiendo el discurso ambientalista, y la manera, en la que algunas de sus líneas, han derivado de modo creciente hacia planteos míticos y principistas, alejándose de pautas técnicas y -en algunos casos- hasta de sentido común, necesarias para lograr resultados efectivos.

Reconozcamos que los problemas ambientales han acompañado a los seres humanos desde el momento en el que nuestros antepasados aprendieron a manejar el fuego, es decir, desde hace algo menos de un millón de años, y que son parte de las turbaciones inevitables que se producen al extraer y procesar las materias primas y los productos de los que nos servimos en nuestra vida cultural.

Recordemos también que muchas civilizaciones se extinguieron a causa de no haber podido administrar con sabiduría su medio ambiente (como es el caso de la civilización maya, y de culturas insulares, como que la se había desarrollado en la Isla de Pascua), lo que muestra que los problemas ambientales no son patrimonio exclusivo de la revolución industrial, si bien se han agravado en las últimas décadas, asociados al incremento en los volúmes de producción de bienes, a consecuencia del crecimiento de las propuestas consumistas, en el marco del incremento poblacional.

Pero, si vemos nuestro presente cargado de admoniciones, advertimos que el tratamiento de lo ambiental, a más de catastrófico, está asociado a la reiteración de algunas ideas elementales, que se enraizan en los mitos de todos los pueblos, y que crecen cobijados por la creciente civilización urbana, alejada de toda experiencia vivencial del proceso de transformación de bienes y recursos de los que ella misma depende, y por la parcial ausencia de herramientas teóricas que nos permitan comprender la dinámica interna de los devenires planetarios de los que somos parte.

Veamos algunos de sus principales componentes:

En primer lugar, la repetición del mito.

Todos los pueblos tienen entre sus mitos, la referencia a tiempos felices, en los que hombres y mujeres vivían en armonía entre sí y con la naturaleza.

Y así como los pueblos mediterraneos rememoraban a la vieja Arcadia, antigua ciudad en la que todos eran felices, hoy atribuímos ese estado a las viejas comunidades aborigenes, mientras que, como en todas las épocas, repetimos la descripción de un presente protagonista de una crisis inédita y el futuro se exhibe como horrorosa contracara de aquel paraíso ancestral.

Como alternativa, se propone volver a una vida bucólica y apasible, que nos va a permitir reconstruir aquel tiempo perdido.

“De Arcadia a Utopía” podría ser el núcleo contundente de buena parte de las propuestas de algunos sectores pro-ambientales.

En segundo lugar, los malos son “los otros”.

Esos mismos mitos, explican que “los malos” (los “otros”, los “extranjeros”, -¿hoy serían los “intereses internacionales”?-...) llegaron para destruir esa felicidad y colaborar a construir nuestro presente de dolor.

Un sentimiento generalizado nos excluye de las mayores responsabilidades, porque nos parece poco creíble, que nuestra vida diaria -personal, privada y pequeña-, que por doméstica nos parece natural, pueda contener factores tan dañinos como los que les atribuímos a “ellos”.

En tercer lugar, el manejo del miedo y de los espacios de poder.

Si se logra que la población crea que la catástrofe es cierta e inevitable, los que adviertan ese futuro serán profetas, merecedores del poder necesario para señalar el camino de salida.

Además, quienes consigan fortalecer la idea de que los responsables son “los otros”, y logren proyectar el “ellos” hacia sectores sociales que despierten resentimientos (por cualquier causa), habrán dado un enorme paso para constituirse en importante factor de poder.

En cuarto lugar, el discurso urbano.

El hombre urbano está cada vez más ajeno a las etapas inevitables que acompañan los procesos de transformación de los recursos en bienes de uso cotidiano y doméstico.

Hace un tiempo, una usina láctea cordobesa, realizaba una publicidad en la que aparecían dos niños conversando, y uno le preguntaba al otro: “¿para que sirve la vaca?”, a lo que el otro contestaba: “¿de donde crees que se saca la leche, el queso, el dulce de leche....?”, a lo que el primero respondía: “y.....de La Lacteo (que era el nombre de la usina)”.

La mayoría de las personas que viven en ciudades han perdido la noción de las operaciones necesarias para poner a su disposición los bienes que consume y su relación con los procesos de la naturaleza.

El agua sale de la canilla, la luz la provee la empresa de energía y la carne se compra en el supermercado.

Nadie quiere pensar que los procesos cruentos que la producción incluye, tienen algo que ver con la demanda, o con el propio consumo.

Eso define una ignorancia casi completa respecto a todos los pasos, que tanto la producción de materias primas como los procesos industriales posteriores, son necesarios para lograr ese producto que tan fácil e inocentemente carga en el carrito del supermercado.

Por ello, cuando alguno de esos innumerables y habituales procedimientos productivos o industriales se hace público por alguna razón casual o interesada, causa increíble estrépito.

Una quinta razón estriba en la ausencia, por parte de los sectores académicos de formación interdisciplinaria y de conocimiento de la “complejidad”, como objeto de estudio.

La falta de percepcion interdisciplinaria, hace que expertos de una ciencia validen afirmaciones que son falsas desde las miradas de otras disciplinas, por lo que en muchos casos, la difusión pública de uno o de otro discurso, depende no del mejor conocimiento del tema, sino de la mayor o menor proximidad a centros de poder.

Esto es visible en la discusión respecto a las causas del cambio climático global, en la que disciplinas con “menos prensa” encuentran mucho menos responsabilidad humana de la que se expresa en los discursos dominantes.

A su vez, los “objetos complejos”, entre los cuales el ambiente es una expresión por excelencia, sólo han empezado a ser motivo de estudio a partir del siglo XIX y XX, sin que todavía ese conocimiento se haya extendido lo suficiente entre nuestras Casas de Altos Estudios, por lo que aún se pretende comprender con métodos inadecuados sucesos inabarcables por estos.

Esto no significa que no tengamos problemas ambientales y que los mismos no sean de gravedad. Significa, en cambio, que para poder reconocer los problemas existentes y para poder operar sobre ellos debemos superar las descripciones míticas; escuchar los consejos de los expertos, pero desconfiar de los gurúes; reconocer que las actividades productivas son cruentas en sí mismas, por lo que el daño ambiental se puede minimizar, pero no evitar; que es necesario asumir que cada uno de nosotros es responsable de buena parte de los deterioros producidos en el entorno, y que debemos aprovechar mucho más del conocimiento existente respecto al abordaje y gestión de los objetos complejos.

Sólo así estaremos en vías de aproximarnos a resolver los múltiples desafíos que se avisoran en el futuro cercano.

domingo, noviembre 18, 2007

Complejidad y Ambiente

En el post anterior, realizado hace ya mucho tiempo, señalábamos alguno de los diferentes puntos de vista a que daba lugar un conflicto como el de la instalación de papeleras, que Uruguay está autorizando sobre las margenes del Río Uruguay, que comparte con Argentina.

Y la discusión se sigue planteando alrededor de los interrogantes respecto a los efectos contaminantes de las plantas de producción.

Esa confrontación separa las aguas, pues mientras los uruguayos sostienen que las papeleras no van a contaminar, los argentinos dicen lo contrario.

Más allá de las razones espurias y no ambientales que pueden estar atrás del conflicto, hay algo que hace a lo estrictamente ambiental, que merece ser considerado muy seriamente.

En primer lugar, es necesario señalar que lo que llamamos "contaminación" es sólo uno de los modos en que incide la actividad humana sobre el entorno, en el proceso cultural de transformar los recursos naturales, de que nos servimos en nuestra vida doméstica.

Junto a la "contaminación", debemos analizar la "degradación" y el "deterioro", que sufren, tanto al ambiente como los recursos naturales, durante el proceso de generar los bienes y servicios que la mayoría de nosotros considera indispensables para el desenvolvimiento de sus labores profesionales y personales.

Citemos como ejemplo a la sobre pesca y a la desforestación, dos actividades que, en general, no implican contaminación y que son muy nocivas para el medio natural.

En segundo lugar, es indispensable señalar que los sucesos naturales y las actividades culturales que permiten nuestra supervivencia en este planeta, implican niveles inexorables de transformación del entorno, sin los cuales el "nicho" humano no existiría.

Valga como ejemplo la contaminación, que en muchos casos la naturaleza sola produce, que ha sido indispensable para configurar el mundo natural que conocemos, como es el caso de
las cianobacterias primitivas, productoras de todo el oxigeno atmosférico que nos permite respirar.

O la agricultura, actividad que para ser desarrollada requiere de la inevitable destrucción de la biodiversidad preexistente, para sustituirla para cultivos homogéneos (monocultivos) de trigo, cebada, girasol, forrajes, etc .....

Eso señala que la transformación de la naturaleza está naturalmente implícita, tanto en sí misma como en nuestras actividades culturales, y muestra, sin dejar lugar a dudas, que cierto grado de transformación del entorno es absolutamente inevitable, mal que les pese a los fundamentalistas que, contradictoriamente, rechazan los procesos de producción de los mismos bienes y servicios que usan.

Sin embargo, es inevitable reconocer que los problemas ambientales existen, y que, en algunos casos, son de gravedad inusitada.

Por lo que se hace necesario, en cada caso concreto, establecer los rangos de admisibilidad de los procesos de transformación -sean sus efectos de contaminación, de degradación, o de deterioro- incorporando en los análisis las variables que hacen a la capacidad de "reproducción" y de "soporte" de los sistemas de naturales, cimientos de todo el sistema humano.

Y si bien esa es la base evidente de la sustentabilidad, pasar de los enunciados a las aplicaciones concretas requiere de una transformación de nuestros modos teóricos de abordaje.

Nuestra educación está basada, y reproduce interminablemente, los principios mecanicistas, deterministas y reduccionistas, que hemos heredado del trabajo teórico de los últimos siglos.

Pero, en la medida en que, en esa mirada están excluidas las pequeñas causas, las relaciones cruzadas, el azar y el enfoque holístico (por sólo mencionar algunos elementos), nuestro actual bagaje teórico resulta insuficiente para abrir caminos de comprensión de los problemas que abarca la problemática que nos ocupa.

Y si la teoría falla, inevitablemente caemos en la repetición de las creencias, que no por irracionales pierden su carácter seductor y aparentemente explicativo.

Desgraciadamente, la mayoría de nuestras Altas Casas de Estudios, omiten la enseñanza de la complejidad, y con ello hacen caso omiso de la mejor producción teórica del siglo XX, quitando a los actores tanto las posibilidades de comprender, como de operar con eficiencia en los procesos de los que son parte.

sábado, diciembre 23, 2006

Papeleras: ¿un problema ambiental?

Ante la renovada aparición en la prensa de temas ambientales, potenciados por la discusión con el Uruguay alrededor de la poco feliz instalación de pasteras en la localidad de Fray Bentos, parece necesario reclamar la aplicación de algunas ideas impregnadas con cierto grado de sentido común.

El discurso ambiental -de muy larga data- que, justificadamente, se fortaleció a partir de los años sesenta del Siglo XX, creció al amparo de la afirmación de que, quienes no lo sostenían, desconocían procesos esenciales para el futuro de la humanidad.

Y, como en el cuento del rey desnudo, nadie quiere verse tachado de ignorante (o de cómplice en los procesos de degradación ambiental), todos parecen obligados a hablar del tema, más allá de que sepan o no sobre el mismo.

Eso, potenciado por los medios de comunicación que han conjugado algunas ideas domésticas con aspiraciones legítimas y las han repetido como verdades científicas, ha ido validando ciertas deformaciones, que hoy parecen compartirse como certezas indiscutibles.

Una de esas gruesas falsedades es que existe una naturaleza prístina global que puede conservarse como tal, mas allá de la presencia de la cultura humana.

En esa concepción se inscribe la defensa individual del “arbolito”, del “pescadito”, o del “pingüinito”, que tan caras resultan a algunas organizaciones y a no pocos medios.

A partir del aprendizaje y del uso de la tecnología, que podemos datar en alrededor de algo menos de un millón de años atrás, cuando los humanos empezaron a manejar el fuego, el sistema global fue siendo transformado por la cultura; modelándolo de manera tal que la aplicación de cada nueva técnica, amplió la capacidad de soporte de la especie humana, a costa, obviamente, de la misma naturaleza original.

De hecho, la agricultura se desarrolló (y aun, inevitablemente, se desarrolla), sobre la base de la aniquilación previa de toda vida silvestre -animal y vegetal-, la que es sustituida por trigo, centeno, lino, o pasto para el ganado, por sólo dar un par de ejemplos.

Esa sustitución técnica de biodiversidad por monocultivos, es la que permitió que la especie humana pasara de un total de cuatro millones de personas, hace diez mil años, a los seis mil quinientos millones que somos en la actualidad.

Ese ejemplo se puede repetir hasta el cansancio, porque cada salto tecnológico o cada nuevo aprendizaje en el uso de la energía o de la producción, ampliaron la capacidad del sistema natural para acoger a un numero mayor de seres humanos.

Y a pesar de que la distribución de los beneficios no ha sido pareja (lo que constituye otro tema), globalmente la humanidad se ha beneficiado de sus resultados y no podría, literalmente, vivir sin ellos.

Sin embargo, el problema ambiental surge cuando el sistema natural llega al limite de su capacidad de reproducción de sí mismo y de soporte de las actividades que se desarrollan sobre él, único modo de poder seguir desempeñando su papel de fundamento de la vida y de la cultura.

Pero para definir ambas capacidades -de reproducción y de soporte- hay que tener en cuenta que la evaluación de las intervenciones admisibles no puede hacerse, únicamente, en forma localizada y puntual, sino que debe ser al resultado de un estudio comparativo respecto a la presión que se ejerce sobre el territorio en sus distintas regiones, ya que en las tramas que conforman los ecosistemas y las bioregiones, unas y otras se articulan pudiendo llegar a complementarse y compensarse.

Es allí, en la determinación de los límites de intervención admisible que conserven la capacidad de soporte y reproducción del sistema natural, en donde juega el desafío de la gestión global (no sólo ambiental).

En ese marco se inscribe la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), como herramienta para determinar esa incidencia.

Sin embargo, la EIA es una herramienta de análisis localizado y puntual, que, más allá de su innegable importancia, no considera valores relativos a otras regiones, contextos políticos, o la incidencia del impacto respecto a otras intervenciones productivas o culturales.

Por eso, en la administración global, es necesario “contextualizar” la EIA aplicando, adicionalmente, otras herramientas de gestión ambiental, sin las cuales resulta notablemente insuficiente.

Como cierto grado de transformación (contaminación incluida) es absolutamente inevitable, es necesario establecer rangos de admisibilidad, los que no pueden definirse sin la existencia previa de una Política Ambiental, inscripta en la política general y coherentemente articulada con ella.

A su vez, las opciones políticas deben hacerse mediante comparaciones, las que se facilitan con el conocimiento del valor de los recursos en juego; para ello es necesario hacer Inventarios del Patrimonio Natural y asignarles valor mediante el instrumento de las Cuentas Patrimoniales.

Como todo el territorio tiene diversas características, es necesario realizar un Ordenamiento Ambiental, estimulando en cada región los mejores usos a que puede estar destinado, de acuerdo a su vocación y a su capacidad de acogida.

Sin embargo, tampoco eso es suficiente, porque también se deben articular las obras o propuestas puntuales que se evalúan con las líneas generales de acción territorial, o de acción política, o con los objetivos sectoriales, o con el modo en que se relacionan los efectos de esas obras con otras existentes o previstas. Para cubrir esa situación se recurre a la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE).

Es cierto que estas herramientas se usan dentro de cada país y en este caso nos encontramos con un conflicto internacional en el que juegan dos jurisdicciones soberanas, pero a pesar de ello y siendo obvio que estas herramientas no han sido instrumentadas ni usadas dentro de la propia Argentina (en la que existen pocos rangos de admisibilidad establecidos), es difícil pensar como, los resultados que ellas aportan, se le pueden exigir a un país vecino.

Al no existir una Política Ambiental nacional definida, ni estar realizadas las Cuentas Patrimoniales del país, ni existir un programa de Ordenamiento Ambiental, ni aplicarse la Evaluación Ambiental Estratégica que permitiera comparar la incidencia de unos emprendimientos respecto de los otros, el discurso público y privado se restringe a invocaciones afectivas, intuitivas, o al genérico deseo de proteger el medio ambiente, recursos legítimos y válidos en si mismos, pero poco útiles si no se usan los instrumentos de gestión aconsejables.

A su vez, al no aplicarse las herramientas señaladas, la Evaluación de Impacto Ambiental carece del marco de interpretación necesario para la gestión, por lo que ímplicitamente se recurre a un marco biologista, tomando de esta disciplina, la Biología, el recorte de la realidad que la misma hace con fines académicos y en el que el resto de las variables sociales son obviadas, por lo que sus resultados pueden ser polémicos, y con frecuencia contradictorios con algunas necesidades de la misma comunidad, que demanda los productos que las fábricas cuestionadas elaboran.

Desde esta perspectiva, veamos la situación de Gualeguaychú.

Remarquemos que se trata de un problema internacional, en el que están en juego las decisiones de dos Estados soberanos.

Esa es una situación que hay que tener en cuenta, ya que las relaciones con Uruguay, no son de particulares a particulares, o de particulares a empresas, sino de Estado a Estado. Los ciudadanos argentinos, por principios constitucionales y de derecho internacional no tienen capacidad individual de representación por fuera de sus autoridades políticas, como bien lo señala el olvidado artículo 22 de la Constitución Nacional, por lo que el descuido en el tratamiento oportuno por parte de nuestro gobierno nacional, no puede imputarse hoy al Uruguay ni a sus habitantes.

Al tiempo en el que los vecinos de Gualeguaychú pidieron el apoyo del gobierno nacional, antes de que se iniciara la construcción de la planta de Botnia en Fray Bentos, cuando aun era oportuno negociar un cambio en la localización de la misma, no lograron respuestas y el Dr. Estrada Oyuela, afirmó y firmó que nada hacia presagiar que Uruguay actuaría incorrectamente.

Argentina tiene una política ambiental mucho más permisiva que el Uruguay, y sorprende que tratemos de forzarle al cumplimiento de estándares estrictos que nosotros no aplicamos en nuestro propio territorio, al punto que, cuando las mismas papeleras se iban a instalar del lado argentino, pocos señalaron sus efectos ambientales.

En ese contexto es necesario analizar la situación de los habitantes de Gualeguaychú que van a ver disminuidos algunos aspectos de su calidad de vida.

Esa disminución de calidad de vida, que hace al confort, y, lo que es más importante, a la identidad local, es difícil de evaluar, porque puede calificarse de más o menos trascendentes, según el lugar en que uno se ubique en la situación problemática.

Pero es indispensable comparar, y si lo hacemos para poder contextualizar (sin pretender justificar la situación), veremos que muchos de esos problemas serán mucho menores que los que sufren las comunidades próximas a las decenas de papeleras argentinas que producen en el interior del país, con tecnologías mucho mas antiguas y contaminantes, y sin las quejas públicas, ni de sus habitantes -que las soportan estoicamente-, ni de los gobiernos involucrados.

Tampoco serán mayores que los que sufren todos los habitantes próximos a zonas industriales, como bien lo saben tanto los habitantes de La Matanza Riachuelo; o los de Río Tercero, con su fábrica de explosivos en el centro de la ciudad; o los de la Ciudad de Córdoba con su planta de combustible nuclear ubicada en uno de los barrios más populosos; o los de tantos centenares de pueblos y ciudades argentinas ubicadas cerca de depósitos de granos, mineras, petroleras, depósitos de químicos, o quienes deben soportar las fumigaciones en las explotaciones agrícolas, etc, etc, etc...

O de los habitantes de tantas zonas desertificadas por la extensión legal y no cuestionada de la frontera agropecuaria (y no sólo por plantaciones de soja).

O de los habitantes de aguas abajo de ríos compartidos que han visto destruir sus vidas por el uso que se hace de las aguas, como los de La Pampa respecto a la disposición que hace Mendoza del Atuel; o como la misma Ciudad de Córdoba, que poluciona el Río Suquía, del que toman su agua decenas de poblaciones aguas abajo.

O de las miles de personas desplazadas de sus hogares por la construcción de presas como Yaciretá o Salto Grande, entre otras.

Si cada uno de estos grupos humanos aplicara sólo una parte de la presión que se le está aplicando al Uruguay, estaríamos, sin duda, al borde de una guerra civil, de todos contra todos, porque no habría nadie que de una u otra manera, no resultara enemigo.

Frente a esto, ¿qué posición adoptar respecto a las pasteras?

Tengamos en cuenta que la relocalización de ENCE ya ha satisfecho buena parte de los reclamos entrerrianos, lo que resulta un logro innegable.

En cuanto a los aspectos aun no resueltos, el apoyo deberíamos limitarlo a la medida del sentido común, restringiendo las expectativas de solución a la aplicación de medidas técnicas y a cierto grado de inevitable tolerancia por parte de los vecinos, pues los errores que cometió el gobierno Argentino al no intervenir en forma oportuna deben ser asumidos.

Debemos atrevernos a reconocer el grado de fantasía que subyace en la postura argentina en cuanto a la polución “cero”, y a la descontextualización respecto a lo que sucede en el resto de Argentina, recordando que la “sustentabilidad” del desarrollo no lo hace nunca ambientalmente incruento, sino que sólo disminuye sus incidencias sobre el sistema natural.

Por su parte, los habitantes de Gualeguaychú no son diferentes a los otros muchos miles de argentinos que soportan las actividades productivas y culturales en sus propios territorios y que tienen igual derecho a ser protegidos.

Por ello, sería mucho más realista y productivo orientar parte de la enorme energía que se está aplicando a esta causa en contra del Uruguay (históricamente, mucho mas responsable que nosotros en temas de protección ambiental) a sanear los emprendimientos que se encuentran en nuestro propio país y sobre los que tenemos gobernabilidad inmediata, potenciando las iniciativas que correctamente se han iniciado.

Y, finalmente aceptar coordinar con Uruguay el modo de minimizar las molestias a la parte argentina y de realizar una gestión correcta en el futuro.

Mientras esto no se haga, seguiremos dando coces contra el aguijón, no por los intereses internacionales (a los que tantas veces culpamos), sino por nuestros propios y gruesos errores, pues el desarrollo, aun “sustentable”, tiene inevitables costos ambientales que requieren de la habilidad de saberlos administrar.

Ignacio Gei
estudioig@gmail.com
Profesor de “Derecho Ambiental” I y II, y de “Ordenamiento Ambiental”
Universidad Blas Pascal, de Córdoba.
Co Director de la “Diplomatura en Gestión Ambiental y Minería”
Universidad Nacional de La Rioja. 

domingo, junio 11, 2006

Transformar el modo de mirar el mundo

Trabajar para estimular la producción de procesos de "desarrollo sustentable" local, implica un formidable desafío que, con frecuencia, exige de los actores mucho más esfuerzo del que imaginábamos antes de emprender la tarea.

No se trata de "ayudar" a otros, sino de modificar en nosotros mismos nuestra visión del mundo, para, desde allí, operar como catalizadores de los procesos sociales y productivos implicados en ese esfuerzo.

Reformular el "marco teórico" del cual partir; reelaborar los conceptos de "globalización", "regionalización" y "localización"; reencuadrar las dinámicas del desarrollo sustentable local y microregional, son puntos de partida ineludibles, sin los cuales el resto de las tareas de estímulo al desarrollo, pueden estar destinadas al fracaso.

Definir claramente el "alcance" del proyecto es paso inevitable, si no queremos perdernos en un mar de fantasías.

Reconocer y apoyarse en los propios recursos, es otro factor decisivo, que muchas veces se omite, sustituyéndolo por las expectativas de ayudas provenientes de entidades u organismos al que atribuimos la capacidad de hacerse cargo de nuestras debilidades.

Y por último gestionar..., gestionar..., gestionar..., actuando eficaz y eficientemente en pos de los objetivos.

En este momento, estamos concentrando nuestros esfuerzos en el estímulo a procesos de capacitación de líderes locales y de promotores de desarrollo.

Si lo desesas, puedes acceder a nuestros cursos on line, en www.interlogos.com.ar/moodle.

Te esperamos

domingo, julio 31, 2005

Las Herramientas de la Gestión del Desarrollo

Trabajar en la asistencia a la Gestión del Desarrollo, requiere reconocer la complejidad de las situaciones que habremos de enfrentar, tanto como conocer las herramientas que aplicaremos para llegar a participar en la producción de los hechos que la comunidad previsualiza y a los que aspira.

Esto exige, en primer lugar, una particular actitud personal de renuncia a la propia mirada, a las propias creencias, sin que esa renuncia a las creencias nos haga prescindir del conocimiento que se espera que apliquemos a ayudar a producir el proceso de desarrollo.
Situación extraña de vivir como protagonista, porque implica una especie de dicotomía inevitable entre lo que uno cree y lo que uno conoce.
Por su parte, muchas comunidades que habitan en los países subdesarrollados, carecen de una identidad clara y definida, que les permita determinar sus objetivos de manera clara, en función de sus límites y de sus posibilidades concretas.
Desarraigadas de sus historias particulares y sometidas a la accion de los medios de comunicación masivos, las personas que las integran confunden sus potenciales objetivos de desarrollo con la imágenes mediáticas que reciben a diario, y que les han convertido en "consumidores" antes que en "personas".
Así pues, el agente de desarrollo ha de ser un hombre capaz de renunciar a sus creencias individuales, sin descuidar el rol de asistente en la reconstrucción de la identidad de los integrantes de la comunidad que asiste.

En segundo lugar, es necesario comprender la complejidad de los procesos en los que interviene.
Complejidad, sinónimo de procesos con elementos múltiples, dinamicos e interrelacionados (que no simplemente desordenados y confusos).
Abordaje de la complejidad para lo cual no estamos preparados, en cuanto se nos ha repetido hasta el cansancio que "conocer" implica trascender la complejidad (usualmente asociada a la ignorancia), para desentrañar las relaciones simples que subyacerían tras la misma. O, en otras palabras, que "conocer", implica desagregar los procesos en sus partes componentes. (Sin embargo, si lo descuartizamos, nunca llegaremos a conocer las costumbres de la vida de un gato).
Para comprender la complejidad hay poderosas herramientas teóricas de las que es indispensable echar mano.

En tercer lugar, hay que gestionar o gerenciar el cambio (si se me permite la analogía empresarial).
Articular los objetivos con los múltiples elementos intervinientes, acotándolos a los recursos y asumiendo las restricciones, mientras se respetan plazos y se establecen procedimientos de control, exigen de un profundo conocimiento de las herramientas técnicas y de administración disponibles, que en muchos casos exceden las capacidades de los promotores comunitarios, a pesar de que pudieran poner sus mejores intenciones.

Si se consiguen articular los tres elementos anteriores, es probable que se llegue a un resultado promisorio, pero tampoco eso lo garantiza, porque los modos de ejercicio y circulación del poder, sumados a los contextos macro económicos pueden ser determinantes del éxito o del fracaso de programa.
Pero sin contar con ellos, es muy posible que las mejores circunstancias no alcancen para llegar a buen puerto.

Hasta la próxima.

viernes, julio 29, 2005

Las complicidades del subdesarrollo

Pareciera que acusar a los países desarrollados y a las organizaciones multilaterales de los problemas del subdesarrollo produce, en los habitantes de los países pobres, una sensación de regodeo.

Acusar a otros de nuestros propios problemas, nos libera de responsabilIdades y del riesgoso desafío que implica animarnos a asumir, con madurez, nuestro propio futuro, haciéndonos cargo del éxito o del fracaso.

Esto no significa negar la evidente responsabilidad de algunos actores económicos en la producción de la situación de ruina que aqueja a ciertos sectores sociales, sino reconocer que, a pesar de las culpas que pudieramos cargar sobre otras espaldas, toda modificación importante de nuestra situación depende de la acción llevada a cabo por nosotros mismos, en el marco de nuestras posibilidades y de nuestras restricciones.

Para ello, no sólo es necesario trabajar sobre el recupero de la identidad que caracteriza a cada comunidad y a cada pueblo, sino capacitarse en el conocimiento de las herramientas técnicas y de gestión necesarias para llevar a cabo nuestros propósitos, dejando de ser cómplices de nuestro propio subdesarrollo.

Ello, implica aceptarnos a nosotros mismos, en lo que somos, y, desde allí, construir el futuro que queremos, diseñando el "modelo" dentro del cual deseamos desarrollarnos.

En otras palabras, enunciar el futuro que queremos para nosotros y para nuestros hijos; "modelo" que habrá de definir las líneas de acción y el tipo de decisiones a tomar.

Pero eso solo no basta, porque una vez diseñado el "modelo", debemos acudir a las herramientas de conocimiento y de gestión necesarias para lograr los objetivos.

Y para ello, necesitamos contar con la destreza suficiente, lo que implica asumir un decidido compromiso de capacitación.

Así pues, mientras nos sigamos limitando a atribuir culpas a los "otros" y minimicemos nuestra propia responsabilidad en lo que nos pasa, poco podremos esperar del futuro.

Asumirnos, capacitarnos y esforzarnos en la acción debieran ser necesidades inseparables de nuestro deseo de lograr, para nuestras comunidades empobrecidas, un desarrollo armónico y equitativo.

Hasta la próxima.

domingo, julio 24, 2005

ASISTIR AL DESARROLLO: UNA TAREA ELUSIVA

Desde nuestra última postura ha pasado mucha agua bajo los puentes.

Y en el progresivo crecimiento de nuestra experiencia, nos vamos aproximando cada vez más a algunas de las razones profundas que parecen impulsar a muchas de las iniciativas solidarias que nacen en los países desarrollados y se orientan a ayudar al progreso de los más pobres.

Más allá de la indudable buena voluntad de muchos voluntarios del primer mundo (que empeñan sus tiempos en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de los países desheredados), es visible su ausencia de conocimientos de las condiciones reales en las que se desenvuelven no sólo los pobres, sino muchas comunidades del tercer mundo que, sin ser materialmente pobres, se mueven en el mundo sin alcanzar a definir su propia identidad y su propio espacio, sin encontrar "su lugar", y sintiéndose desvalidos a pesar de sus evidentes recursos (como pasa en Argentina, en donde -más allá de la pobreza que verdaderamente acosa a algunos sectores-, es notable advertir la existencia de muchas personas que se sienten "muy pobres" a pesar de ser propietarios y tener acceso a bienes materiales y culturales que producirían la envidia de muchos otros carecientes).

Esto produce un asombroso juego de disfunciones entre algunos de quienes quieren ayudar a terminar con la pobreza, ciertos sectores que se creen pobres sin serlo, y los verdaderos pobres, a quienes (en muchos casos) ni los unos ni los otros consiguen reconocer.

Por su parte, es frecuente que, tanto los sectores que se creen pobres, como los que verdaderamente lo son, esperen que sean los integrantes de las comunidades desarrolladas quienes aporten las instrucciones, a modo de "recetas de cocina", necesarias para salir del subdesarrollo.

De ese modo, los habitantes del primer mundo, que en muchos casos carecen de ideas sobre lo que verdaderamente sucede en las comunidades pobres, dictan normas sobre los procedimientos que habrán de seguir personas a quienes ellos no conocen, para resolver situaciones en las que jamás han estado inmersos.

Extraña situación que frustra muchas iniciativas de ayuda y desalienta tanto a los donantes como a las víctimas de la pobreza.

Ante ese panorama (tan burdamente descripto), se hace necesario preguntarse ¿qué hacer?.
Y es probable que haya que abordar la respuesta desde varias perspectivas:

La primera es que, los principales responsables de generar un estado de satisfacción de las propias necesidades deberían ser los mismos pueblos que sufren las carencias, acudiendo a recursos locales, de acuerdo al sistema de esfuerzo propio y ayuda mutua, que tanto fruto ha dado en cada lugar en lo que se lo ha aplicado (y que en cierto sentido consiste en aplicar los principios que la naturalza impone a todos los pueblos).
Por su parte, esto requiere de un proceso previo de definición de la propia identidad y de asumirse, cada cual, como valioso en sí mismo.

Lo segundo, es que los voluntarios y donantes del primer mundo, deberían conocer y reconocer a los otros pueblos y a su idiosincrasia, aceptando que los modelos de desarrollo pueden variar de acuerdo a las condiciones locales, a las culturas involucradas, a los recursos disponibles y a los objetivos que cada comunidad puede plantear, legítimamente, para sí misma.

Lo tercero que todos y cada uno de los involucrados sea capaz de reconocer su lugar en el mundo, sin atribuirse ni la actitud de "dispensador" con la que algunos voluntarios del mundo desarrollado intentan purgar sus propias culpas, ni la de víctima ingenua de aquellos que muestran una pobreza que no tienen, ni la de absolutos incapaces de quienes esperan que sean "los otros", "los que saben", los que resuelvan sus problemas.

En fin, no olvido que hay sectores del mundo en que las personas individualmente están en situaciones límites y necesitan de ayuda total y urgente, pero fuera de estos casos (de algún modo excepcionales) muchos de las dificultades del subdesarrollo podrían ser resueltos con los recursos actuales, a condición de que los actores fuéramos capaces de modificar los modos de abordar y gestionar el problema.

Esperamos sus comentarios a eig@gmx.net

Hasta la próxima.